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18 may. 2016 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas:

Una apuesta por la regeneración del Aljarafe

José Luis Bueno y Juan Antonio Morales - La tribuna de Viva Sevilla
17/05/2016. Andalucía Información.

El Aljarafe, con unos 350.000 habitantes, podría considerarse la tercera ciudad de Andalucía por población. La restauración ambiental del arroyo Riopudio, una de las intervenciones ambientales fluviales pioneras en España, ha generado la primera infraestructura verde a escala de esta “ciudad”. Podemos felicitarnos, como habitantes del Aljarafe, de disponer de una realidad territorial tan diferente de la que teníamos hace unos años; y debemos interesarnos en que no sólo no se pierda sino en que se aproveche lo más y mejor posible.

En ADTA (Asociación en Defensa del Territorio del Aljarafe) valoramos el esfuerzo económico y técnico realizado, por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) como ejecutora y de la Unión Europea como cofinanciadora, como un paso “en la buena dirección” en una comarca tan castigada por la burbuja inmobiliaria y el urbanismo depredador. Esta nueva realidad nos muestra que es posible otra manera de usar el territorio; más orientada al bien común a través del uso sostenible de nuestro patrimonio. Y nos pone ante el reto de llevar a cabo una nueva manera de gestionar este activo territorial.

Las oportunidades de uso y disfrute (recreativas, turísticas, educativas, agrarias, investigadoras…) son muchas y diversas. Fomentarlas y desarrollarlas requiere decisión, organización y capacidad de gestión. Un reto interesante.

Si se hace bien se pueden poner en marcha ambiciosos y apasionantes proyectos en los que numerosas iniciativas públicas y privadas desplieguen su capacidad de acción. Los resultados a lograr beneficiarán a la comarca, pudiendo llegar a poner al Aljarafe como referente innovador en foros que, más allá de la comarca, susciten conocimiento e iniciativas por la sostenibilidad.

Pero si no se asume bien el reto, se perderán esas oportunidades, y el deterioro de lo realizado es caso seguro.

La gestión de este parque metropolitano ha de fomentar la recuperación social, económica y ambiental de la comarca. Para ello ha de establecerse un modelo en el que participen las instituciones públicas competentes, y los usuarios y ciudadanía en general. Un ámbito de cooperación institucional y participación social que vaya facilitando la puesta en marcha de iniciativas destinadas a aprovechar las múltiples oportunidades “evolutivas” que la nueva situación hace posibles.

Este territorio metropolitano, bien gestionado, puede servir para mucho:

- Dar conexión y vertebración territorial a la comarca.

- Potenciar la colaboración entre los nueve municipios que tienen parte de su término municipal en el cauce.

- Dar soporte al desarrollo de iniciativas sociales, económicas y ambientales de alcance local y comarcal.

- Ser un recurso de alto valor para el uso y disfrute ciudadano, la educación y sensibilización ambiental, y el aprovechamiento de recursos naturales allí existentes.

Pero sabemos que estas potencialidades pueden quedar en nada si no se implanta un modelo de gestión adecuado. Si esto no se hace, la nueva situación va a “involucionar" rápidamente, avocándonos a un parque metropolitano vandalizado y deteriorado en donde las oportunidades de desarrollo sostenible se van esfumando rápidamente.

El reto está planteado: Los dirigentes de las instituciones públicas y la ciudadanía han de ser capaces de poner en pie un modelo de gestión innovador que “saltando” sobre las inercias competenciales y las desconfianzas mutuas, ponga a trabajar en común a: la administración local (Municipios y Diputación Provincial), la autonómica (Consejerías implicadas), la administración general (Confederación Hidrográfica), las asociaciones y entidades ciudadanas interesadas, y otras entidades sociales y económicas de la comarca. El acuerdo inicialmente anunciado entre CHG y Mancomunidad de Desarrollo y Fomento del Aljarafe puede ser el primer paso en esa buena dirección.

En ADTA estamos ilusionados con que esta experiencia innovadora se vaya abriendo paso. Y estamos dispuestos a contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a que esto suceda.
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5 may. 2016 ~ 3 comentarios ~ Etiquetas: , ,

El cerro del tesoro

01/05/2016. El Mundo. FRANCISCO JAVIER RECIO

LA JUNTA de Andalucía ha anunciado esta semana la inscripción como Zona Arqueológica protegida del yacimiento del Carambolo. No está mal. Al fin y al cabo, sólo han pasado 58 años desde que un albañil de los que trabajaban en el Tiro de Pichón le diera un castañazo a una de las piezas del Tesoro del Carambolo y que el catedrático Juan de Mata Carriazo determinara -ahora sabemos que erróneamente- que había aparecido el más significativo vestigio de la cultura tartésica. Un niño que hubiera nacido el 30 de septiembre de 1958, el día del hallazgo, estaría hoy contando los días que le quedan para su prejubilación en un ERE subvencionado, pero ése es el tiempo que hemos necesitado -euforias folclóricas aparte- para darnos cuenta de la importancia de proteger un terreno cuyas entrañas podrían dar respuesta a muchas de las incógnitas de nuestro pasado, y el plazo también que la Administración ha precisado para formalizar el correspondiente expediente.

Ojalá no hayamos llegado tarde. La última vez que estuve en el Carambolo, hace un par de años, el cerro con mejores vistas sobre la ciudad no tenía nada que envidiar a un estercolero. Sobre la historia milenaria de Sevilla que esconde su subsuelo había restos de fogatas y botellones, escombros de obras, tripas de muebles y desperdicios de diverso -y repugnante- origen. Sólo los vestigios aparecidos en la última excavación están protegidos: unos cofres de hormigón los ponen a salvo de los vándalos, los expoliadores y las inclemencias meteorológicas. Pero también de la luz y del conocimiento de los ciudadanos. Bajo una capa de basura y una losa de cemento armado está escondido el resto del tesoro del Carambolo, que no es de oro macizo pero que pone de manifiesto dónde vivíamos, en qué dioses creíamos, cómo nos alimentábamos y, en definitiva, quiénes éramos hace varios miles de años. Fuera de esa urna de hormigón quedan, al socaire de los expoliadores, sin una mala valla que impida el acceso de cualquiera, un terreno sembrado por la Historia del que apenas conocemos nada.

El Carambolo arrastra una relación de desaires que empieza por la forma en que el Ayuntamiento de Sevilla se hizo con la propiedad del tesoro hallado en 1958, por el que pagó un millón de pesetas para evitar que las piezas acabaran en el Museo Arqueológico de Madrid, y que concluye con la esperpéntica pelea de corral de vecinos entre el gobierno municipal de Juan Ignacio Zoido y la Junta de Andalucía por dirimir dónde se exponen sus piezas. En medio, hay muchos más episodios delirantes: el de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Camas concediendo las licencias para construir un hotel en pleno yacimiento arqueológico; la bronca entre Rojas Marcos y Jesús Aguirre después de que éste encargara a un joyero madrileño una copia del tesoro para exponerla en el Pabellón de Sevilla de la Exposición Universal; o el rostro lívido del antiguo director del Museo Arqueológico, Fernando Fernández, al contemplar cómo el ex alcalde Monteseirín cogía con sus manos desnudas un brazalete del tesoro y se lo tendía a una periodista como si se tratara de una pieza de bisutería.

Como Monteseirín, todos quisieron en alguna ocasión poner sus manos sobre el tesoro o sobre el cerro que lo guardó durante centenares de años, desde el Museo Arqueológico Nacional a la inmobiliaria de Gabriel Rojas, donde aún se estarán lamentando de haber comprado los terrenos y proyectado el hotel. Todos han querido poseerlos pero nadie parece dispuesto a gastarse el dinero que cuesta conservarlos con la dignidad que merecen. El Arqueológico de Sevilla aguarda desde hace años la inversión necesaria para convertirse en un centro cultural simplemente contemporáneo -no aspiramos a más- que permita sacar de una vez el tesoro original de la caja fuerte de un banco y exponerlo al público, mientras que el yacimiento arqueológico malvive con sus restos encriptados y los terrenos por excavar utilizados como botellódromo y entregados a los expoliadores.
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14 feb. 2016 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , ,

"Desde la autonomía se privilegió a Medina Azahara frente a Itálica"

Pertenece a una generación de arqueólogos sabios y profesionales que nos han cambiado la idea que teníamos del pasado de Sevilla Fue el 'autor intelectual' del Antiquarium.
14/02/2016. Diario de Sevilla.

Fernando Amores (Sevilla, 1955) es uno de esos sevillanos muy educados y algo distantes. Su imaginario es más romano que moro, más inglés que mesetario, más artístico que técnico. Criado en el barrio del Porvenir, sus primeras letras las cursó entre los Padres Blancos de Los Remedios y el instituto Herrera de la Palmera. Aunque su primera llamada fue la Biología, al final decidió estudiar Historia del Arte en la Universidad de Sevilla del tardofranquismo. Cuando uno habla con él se da cuenta de que su vida ha estado jalonada de encuentros que le han dejado una huella profunda: Juan Manuel Bonet y su larga biblioteca; la extravagante viuda de Foxá, María Larrañaga; el pintor e historiador del Arte Juan Fernández Lacomba... Pero su gran encuentro en la vida fue con la arqueología, esa ciencia total del pasado que descubrió excavando la calle Abades y a la que ya nunca abandonó. Como arqueólogo ha realizado todo tipo de excavaciones y trabajos: Itálica, la iglesia del Salvador, la Encarnación, etcétera. Una de sus grandes aportaciones a la ciudad fue pensar lo que hoy conocemos como el Antiquarium, la gran cripta arqueológica de las setas que se puede considerar como un auténtico museo de la antigua ciudad romana, Hispalis.



-Su primera infancia la pasó en El Porvenir. ¿Tuvo algo que ver la cercanía del Museo Arqueológico en su vocación?

-En absoluto. No supe que existía hasta los once años, cuando nos fuimos a vivir a Reina Mercedes. Sí íbamos todos los días al Parque de María Luisa, pero yo quería ser mayor para no volver, porque para mí era el tedio. Ahora, sin embargo, me encanta ir.

-Entonces no fue eso que llaman vocación temprana.

-Mi primera vocación fue la Biología. Uno de mis hermanos mayores era biólogo de la Estación de Doñana y yo me ganaba algunos duros transcribiendo los casetes de campo que grababan cuando buscaban al buitre negro y al águila imperial en la zona de Aroche. Todo lo que fuese naturaleza me encantaba, pero me empecé a dar cuenta de que lo que más me fascinaba era el Arte. En este sentido, fue importante el que yo viviese en el número 17 de Reina Mercedes, el mismo bloque de Juan Manuel Bonet y su exótica familia, con una madre francesa y una biblioteca estupenda. En el mismo piso, enfrente de nuestra puerta, también vivía Rafael Manzano. Dejé el Bachillerato de Ciencias que hacía en el Herrera, entonces un instituto muy vanguardista y me pasé a Letras.

-¿Y cómo llevó lo del Latín?

-Me costó mucho trabajo. Ya en la Facultad pude cambiar el Griego por el Árabe, que se me daba estupendamente. Siempre he pensado que fue una pena no seguir con este idioma, pero entonces faltaban estímulos dentro de la Universidad, la asignatura se consideraba más una opción que una oportunidad. En los profesores no había esa cosa seminal de buscar alumnos.

-Y la arqueología, ¿cuándo llegó?

-Escogí la especialidad de Historia del Arte y, en segundo o tercero, fui a mi primera excavación en la calle Abades. La dirigía Ramón Corzo, quien buscaba los restos de unas termas. Para mí fue una gran experiencia, porque descubrí una disciplina muy transversal donde todo era importante... Te ensuciabas pero también tenías que estar limpio... Barrer, dibujar, visitar las bibliotecas, el contacto personal, siempre en equipos... No quería ser un señor todo el día metido en un archivo. Era más bien un culo inquieto.

-El descubrimiento de Carmona, donde vivió una época, fue muy importante para usted.

-Como tesina de licenciatura, mi profesor me encargó que realizase la carta arqueológica -algo muy de moda en los 70- de los Alcores, una zona clásica de la arqueología sevillana por los trabajos de Jorge Bonsor en Mairena y la Necrópolis de Carmona. Para mí Carmona era un enigma detrás de la Puerta de Sevilla, por donde pasaba siempre -pero no entraba- cuando iba con mi familia a Constantina a ver a mi abuela. La familia del profesor Atonio Caballos me prestó un cortijo que tenían cerca y lo convertí en centro de operaciones para recorrer la zona con una moto. Me llevé a varios amigos y pasamos un verano maravilloso sin luz ni agua corriente.

-¿Pero Carmona ciudad?

-Recuerdo el primer día que atravesé la Puerta de Sevilla. Fue un verdadero impacto y me di cuenta que ese lugar iba a ser muy importante en mi vida. Empecé a conocer a gente y gracias a la viuda de Agustín de Foxá, María Larrañaga, de la que me hice muy amigo, alquilé la Cilla antigua del Cabildo, pese a que entonces Carmona estaba muy lejos de Sevilla. Le propuse a mi íntimo amigo Juan Lacomba que compartiese conmigo el alquiler y, al principio, me dijo que estaba loco, pero cuando vio la casa del XVIII, con techos de seis metros de altura... La compartimos también con el pintor José Fuente. Fueron unos años inolvidables.

-Uno de sus primeros trabajos como arqueólogo fue en Itálica.

-Sí, el primer contrato que tuve en mi vida fue de peón ordinario de Itálica. A mediados de los ochenta comencé a dirigir a efectos prácticos el conjunto arqueológico. La primera decisión fue paralizar cualquier tipo de excavación, porque el debate que comenzaba entonces era el de la conservación. Había que hacer una reflexión sobre qué teníamos exhumado y cuáles eran las condiciones de conservación... El balance era muy negativo. Entonces se hacía una excavación pero no se pensaba que luego existía la obligación de conservarla.

-¿Cuál cree que fue su principal aportación a Itálica?

-Precisamente, iniciamos una reflexión sobre el valor patrimonial del conjunto y paramos el exceso de excavaciones. Pudimos acometer una especie de involución, revisitar -en el sentido inglés de la palabra- aquellos lugares que teóricamente ya eran conocidos. Empezamos a mirar con nuevos ojos la Casa de la Exedra, la Casa de los Pájaros... Y comenzó a surgir una nueva realidad.

-¿Y qué opina de cómo está ahora Itálica?

-Tiene gloria, pero también tiene pena. Desde la Transición y la llegada de la autonomía, lo romano empezó a tener un cierto matiz negativo y se privilegió la arqueología islámica, que había estado muy ninguneada en los años anteriores. Medina Azahara, que es un gran conjunto arqueológico, empezó a recibir inversiones importantes siguiendo las indicaciones del PSOE andaluz, que equivocadamente hacía una identificación entre el pasado andalusí y Andalucía. El yacimiento de Medina Azahara se ha privilegiado frente a Itálica. Eso sí, durante la Expo se dio mucho dinero para recuperar el Teatro, que dio un importante salto hacia delante. Es significativo que Itálica, después de décadas de autonomía, no tenga un centro de visitantes, como sí lo tiene Baelo Claudia. Ahora mismo está muy mal de personal y, a veces, tiene casi que cerrar.

-¿Le recomienda a los jóvenes que estudien Arqueología pese a los niveles de paro que hay ahora?

-Ninguna persona debe renunciar a sus sueños. La historia de una persona se compone de vericuetos y casualidades, pero siempre de ilusiones. Las fantasías hay que perseguirlas y, aunque no se consigan, el intento siempre dejará una huella que tendrá sentido.

-La visión de la Sevilla romana ha cambiado mucho después de las muchas excavaciones arqueológicas de los últimos tiempos. Poco tiene ya que ver con la que describió Antonio Blanco Frejeiro en su famoso libro sobre el asunto.

-Ahora se sabe mucho más, pese a que la romana es una ciudad difícil de excavar, porque está a mucha profundidad y casi siempre con agua. Una última tesis sobre el urbanismo romano sevillano, realizada por Daniel González Acuña, pone en orden todos los hallazgos dispersos que ha habido desde los años cincuenta, cuando Collantes de Terán excavó la Cuesta del Rosario. Nuestro conocimiento anterior era muy especulativo por la falta de datos, pero descubrimientos como el de las cisternas de la Plaza de la Pescadería, que eran una infraestructura de gran importancia para el abastecimiento de agua pública, lo han mejorado considerablemente. Además de la Encarnación, también ha sido muy importante el descubrimiento del puerto, lo que nos permite ver a Hispalis como un emporio, como un puerto comercial. Iba desde la Calle San Fernando hasta la Macarena.

-¿Tan grande?

-Claro, era un sistema de áreas de embarque en línea. Cada atraque estaba relacionado con distintas industrias: las alfareras, las pesqueras... La Encarnación tiene una factoría de salazones que implica una proximidad enorme a una lota, el lugar donde atracan los barcos pesqueros. En esta zona también apareció una calle principal de seis metros de anchura con dirección al Duque, que es donde estaba el puerto. Lo que ha aparecido en el Patio de Banderas parece que son almacenes portuarios.

-¿Y qué es lo que se nos escapa?

-La zona foral, el lugar donde estaba el foro, el centro administrativo y político. Durante una época se dijo que estaban en la Alfalfa, pero allí han aperecido las cisternas. Ahora, creemos que podrían estar desde la Cuesta del Rosario hasta la Catedral.

-Está hablando de la Encarnación, lugar que usted excavó y luego pensó como un museo de la ciudad romana: el Antiquarium.

-Le puse hasta el nombre. Los antiquarium son en Italia esos pequeños museítos locales donde se guarda la colección vieja de la ciudad. Allí tiene un sentido casposo y antiguo, pero en España nunca había sido utilizado y a mí me parecía un buen nombre.

-El gran mérito del Antiquarium ha sido visualizar la ciudad romana.

-Sí, antes sólo se conocía prácticamente las columnas de la calle Mármoles, que también están bastante ninguneadas. El Antiquarium es la musealización de una parcela de la ciudad, no de un gran monumento, algo que tiene más potencial narrativo y nos permite contar muchas historias de la gente normal.

-¿Está contento con su gestión?

-Todavía falta mucho por hacer en el Antiquarium. Faltan por ponerin situ18 mosaicos, incorporarle audiovisuales, la restauración de calles... Ayer estuve y me dio bastante pena porque estaba bastante oscuro. Había muchos focos fundidos sin reponer, por lo que algunos mosaicos prácticamente no se veían. Lo importante para el político es el proyecto, pero no el día después. En España y Andalucía nos sigue faltando gestión. El Ayuntamiento tiene que hacer un esfuerzo para profesionalizar la gestión del patrimonio histórico de la ciudad. Faltan conservadores en la municipalidad.

-¿Qué le parece la polémica de las Atarazanas?

-No me cabe duda de las buenas intenciones de los conservacionistas de Adepa, en la que hay técnicos de primer orden como Fernando Mendoza o García Tapial, pero dudo de la profesionalidad de los criterios de organizaciones como la Fundación Atarazanas. La cuestión de bajar o no bajar la cota para recuperar el suelo medieval presenta unos problemas técnicos muy importantes y los mismos especialistas de Adepa, cuando se les ha explicado, han empezado a recular un poco. De alguna manera se ha obviado y ninguneado la valía de los equipos técnicos de Vázquez Consuegra. Se ha demonizado al arquitecto porque hay mucha gente que le tiene ganas. Es curioso que nadie haya dicho nada, por ejemplo, del derribo de todo el acuartelamiento del siglo XX, la caja de reclutas, que era parte de la memoria de la Guerra de África. ¿Por qué? Porque tienen un criterio selectivo y sólo les interesa el pasado medieval. Las Atarazanas no es sólo lo medieval, sino también el edificio de Carlos III, las bóvedas del XVIII... Eso les da igual. Se puede excavar hasta el fondo, pero no hay por qué hacerlo ahora. Lo que no se puede es hablar de "atentado patrimonial" y demonizar a un arquitecto porque no se baje la cota.

-¿Cuáles deben ser las próximas líneas de actuación de la arqueología sevillana?

-Avanzar en los mecanismos de gestión municipal. La ciudad tiene ahora una serie de inmuebles y criptas de tipología arqueológica que suponen un cambio radical respecto al panorama de hace veinte años: San Jorge, los Baños de la Reina Mora, Pescadería, el Patio de Banderas, el Antiquarium, las columnas de Mármoles. Hay que avanzar y profesionalizar la gestión de todos esos espacios. Ahora que hay pocas excavaciones es el momento de estudiar todo lo que se ha sacado en los años anteriores, algo que se debe plasmar tanto en libros como en exposiciones en los espacios antes mencionados.

-Me gustaría acabar preguntándole por un yacimiento completamente amenazado, El Carambolo.

-Lo ideal sería un acuerdo entre la propiedad y el Ayuntamiento de Camas para permutar el terreno del yacimiento por otro urbanizable, pero la burocracia y la falta de transversalidad entre las administraciones lo hace muy difícil. El Carambolo es un yacimiento muy deteriorado, pero lo más importante es su ubicación. Ahí está un poco ese mundo griego que, a diferencia del romano, no construye sus templos donde obliga el urbanismo, sino en los sitios donde se produce un encuentro con la divinidad, donde está el numen, y hay que ir allí pese a que no está de paso hacia ningún lugar, como el Rocío, como Setefilla. El Carambolo es eso, el santuario, te puedes llevar el tesoro a donde quieras, pero el lugar está y seguirá allí. Es fácil hacer un proyecto que lo haga latir.
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13 oct. 2015 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: ,

Siarum y la agonía del patrimonio arqueológico rural

El uso de maquinaria pesada en el campo, el abandono de los yacimientos, el expolio y el vandalismo merman la riqueza arqueológica de los municipios del valle del Guadalquivir.
13/10/2015. Diario de Sevilla. FERNANDO BEJINES.

CUANDO George Edward Bonsor, en Carmona -don Jorge-, llegó a nuestro valle del Guadalquivir, la comarca de los Alcores y el Corbones, el Aljarafe, las sierras de Morón y Estepa, la Vega, las campiñas de Osuna y Marchena o de Utrera y El Coronil eran un inmenso paraíso de arqueología durmiente. Durante siglos, al mismo tiempo que se depredaban para nuevos usos los materiales de las ruinas superficiales, los trigos y olivares de nuestra agricultura tradicional no fueron especialmente agresivos con la destrucción del patrimonio arqueológico. De vez en cuando, los arados se enganchaban con obstáculos ocultos del terreno en forma de sillares u otros elementos constructivos, que la práctica agrícola retiraba para depositarlos en las lindes de la finca, porque en el día a día del campo una misma piedra nunca debía estorbar dos veces.

Sin embargo, la segunda mitad del siglo XX nos trajo la desaparición de esta agricultura tradicional y su sustitución por otras formas intensivas de trabajar la tierra, basadas en el uso de la maquinaria pesada. El laboreo del tractor y la masiva nivelación de fincas han propiciado un irreversible impacto depredador sobre las estructuras estratigráficas subyacentes y la consiguiente pérdida de valor científico en infinidad de yacimientos. A pesar de la proliferación de catálogos y cartas arqueológicas que establecen una precisa identificación de localizaciones, y del establecimiento normativo de cautelas sobre las mismas, en la práctica, y en las últimas décadas, hemos asistido a una considerable mutilación de gran parte del patrimonio arqueológico no intervenido en el entorno rural sevillano.

En la comarca del Bajo Guadalquivir los ejemplos de esta destrucción se amontonan. A mediados de los sesenta, durante la construcción del pueblo de colonización de Maribáñez (Los Palacios y Villafranca), fue literalmente arrancada desde sus cimientos una importantísima villa romana de considerable monumentalidad. Cerca de este lugar pero ya en los años ochenta, en el cortijo del Arenoso (acueducto de San Juan), volvió a repetirse esta situación con un enorme complejo romano formado por villa, hornos e instalaciones industriales, cuyos muros y cimentaciones radicalmente extirpados se acumulan ahora como estériles escombros en las cunetas de la carretera.

También por estas fechas, pero como caso radicalmente distinto, podríamos reseñar la frustrante excavación de la ciudad de Orippo, cuyo estudio y destrucción se simultaneó durante la urbanización del polígono industrial Carretera de la Isla (Dos Hermanas). Los arqueólogos asistieron impotentes al imparable trabajo de la maquinaria y a la salvaje depredación del expolio, anotando en sus informes referencias tan gráficas como ésta: "Desgraciadamente, durante la fiesta del 15 de agosto de 1980 (…) los clandestinos se cebaron en el yacimiento y robaron todas las ánforas, rompiendo los niveles excavados y destruyendo dos de los testigos transversales (…). Destruyeron, asimismo, los arquillos del caldarium, el canalillo central del desagüe y el colector, llevándose diverso material constructivo y destrozando el trabajo de semanas de excavación. En la mañana del 16 de agosto, lo que quedaba de las termas era irreconocible" (Fernández Gómez, Fernando et al. 1997).

Si todos los elementos patrimoniales son frágiles por definición, en el caso del patrimonio arqueológico esta vulnerabilidad se padece por partida doble: la cada vez más ineficaz conservación preventiva de las estructuras arqueológicas subyacentes frente a los usos y tecnologías de la agricultura actual, y la problemática conservación física de los elementos excavados en superficie, que sucumben al abandono, al expolio y al vandalismo. Hay algo que no estamos entendiendo respecto a la tutela de estos yacimientos no excavados. El inevitable argumento de la carencia de recursos económicos para su estudio podría utilizarse para asumir una circunstancial falta de intervenciones programadas sobre los mismos, pero no para consentir por inercia que desaparezcan como lo que patrimonialmente son: reservas científicas históricas.

Desde los tiempos de Rodrigo Caro, el yacimiento de la ciudad turdetano-romana de Siarum (El Palmar de Troya, Utrera) nos ha aportado infinidad de hallazgos causales con variedad de material constructivo, epigráfico, cerámico y escultórico de gran calidad. Además de los restos emergentes de lo que deben ser sus murallas urbanas, la simple inspección visual de los materiales superficiales destrozados por las roturaciones agrícolas nos evidencia la potencia constructiva del yacimiento, con abundancia de mármoles de importación, muros estucados y pavimentos variados, que aparecen a escasos cincuenta centímetros de la superficie cada vez que se hace una zanja. El enclave arqueológico se extiende entre el oppidum fundacional, donde se encuentra la excepcional construcción medieval de la Torre del Águila (siglo XIV), igualmente abandonada a su suerte y víctima reiterada del robo de cantería, y el asentamiento parcelario de La Cañada, que debe corresponder a la expansión de la ciudad romana.

En 2012 se produjo la extracción ilícita de una escultura completa de cuerpo togado, una columna de mármol y una piedra de molino, que fueron rescatadas diligentemente por la Guardia Civil de su más que probable venta clandestina. Aunque muy mutilada por una reutilización antigua como dintel constructivo, en 1987 se recuperó el cuerpo de una interesante dama ibérica oferente y son conocidas varias esculturas animalísticas de leones y carneros. También, en 1982, el tractor sacó del subsuelo dos fragmentos de placas legislativas de bronce conocidas como Tabula Siarensis, y son muy abundantes los restos epigráficos en los que se hace referencia al levantamiento de edificios públicos y a embellecimientos urbanos. En 2004, la universidad británica de Southampton realizó un estudio de catas radiomagnéticas que delimitó el yacimiento y detectó la presencia de urbanismo reticular, murallas, cisternas y necrópolis.

Pues este excepcional enclave arqueológico no intervenido, al igual que tantos otros desperdigados por nuestro entorno rural, perfectamente conocido y documentado desde antiguo y en teoría, que no en la práctica, protegido por la legislación patrimonial, está siendo sistemáticamente depredado por la continua roturación agrícola y por la proliferación de parcelaciones rústicas, sin que las servidumbres cautelares de preservación estén evitando la irreversible destrucción de su potencialidad científica.

Aquel confiado letargo que respetaron los trigos y olivares de nuestra agricultura tradicional ya no es posible en el campo de hoy, por lo que la salvaguarda de este tipo de yacimientos requiere que las normativas de protección no se conviertan en rutinarios y pasivos formalismos para solventar expedientes administrativos, sino en medidas expeditivas aplicadas sistemáticamente con firmeza, rigurosidad y verificación. No se trata de plantearse excavaciones generalizadas para las que nunca habrá recursos suficientes, ni convertir todo yacimiento excavado en espacios visitables que después no vamos a poder conservar, pero sí se trata, al menos, de garantizar el cumplimiento de nuestras responsabilidades patrimoniales respecto a la transmisión del valor científico de estos emplazamientos históricos a las generaciones futuras, o lo que es lo mismo, algo tan básico como cumplir la Ley. De mantenerse la dinámica actual, cuando algún día se intervenga en Siarum seguramente nos producirá la misma frustración que lo ocurrido con el yacimiento de la ciudad de Orippo.

Por cierto, y aunque resulte desalentador como alegoría, según aquellos arqueólogos "algunas de las ánforas (que fueron robadas de la excavación) serían localizadas, días más tarde, en un bar de alterne de la carretera, donde servían como lámparas con una bombilla roja colocada en su interior".
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12 oct. 2015 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , ,

Valencina: El dolmen abandonado

12/10/2015. CARTA AL DIRECTOR

Han transcurrido más de seis años desde que el dolmen de Matarrubilla sufrió el robo de las placas solares que generaban la energía necesaria para iluminar su cámara y pasillo. Este dolmen pertenece al Bien de Interés Cultural Zona Arqueológica de Valencina y Castilleja de Guzmán y es uno de los dos únicos visitables en Valencina. A pesar de haber denunciado públicamente de forma reiterada, año tras año, la lamentable situación en la que se encuentra dicho dolmen, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía aún no ha actuado para solucionar el problema y el alcalde de Valencina, -que está más tiempo en la Diputación trabajando como asesor del señor Villalobos que en el Ayuntamiento- sigue con su cantinela de que lo están solucionando. Nos preguntamos si en años venideros tendremos que volver a recordar a la administración competente aludida las obligaciones que tiene para con el patrimonio de todos.

Eduardo Pablo Apellaniz Bastero
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23 abr. 2015 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , ,

Málaga: El "Sitio de los Dólmenes"

CANDIDATURA DE ANTEQUERA A PATRIMONIO DE LA UNESCO
23/04/2015. El Imparcial.

Por Manuel Vergara

Con esta marca se postula Antequera ante la UNESCO, para que el conjunto megalítico -en su entorno de referencia, Peña y Torcal- pasen a ser Patrimonio Mundial. Se ha tenido en cuenta el gran espacio geográfico-simbólico (“Sitio”) con el que interactuaron aquellos pobladores y no sólo el monumento en sí mismo. Perfecto.

Pero “sitio”, lo que se dice sitio, sin comillas ni mayúsculas, es el emplazamiento mismo del bien a preservar; su lugar concreto y su entorno inmediato. Y ahí empieza la contradicción: ¿A santo de qué teorizar en abstracto sobre el “Sitio” (paisaje-cultural) de aquellos remotos antepasados, al tiempo que se les invade el espacio físico (¡sitio!) del bien que nos legaron?

Pues nada, otra vez más de lo mismo: no vendrá aún el hombre de los derribos (Demolition man), sino otro arquitecto sevillano. Esta vez, dispuesto a tunear lo que se levantó allí, a los pies de Menga, cuando la Expo. Y, desde Luciano Alonso para abajo, todos encantados: ¡Nueve millones y pico! Y llega Juanma Moreno: “es de justicia concluirlo”. Y Ana Corredera: “llevamos veintidós años esperando”. Y lo mismo nuestro Alcalde.

Y no parecen querer entender que si “aquello” se dejó inacabado durante décadas, no fue por falta de dinero, sino porque al círculo de responsables del ramo se les empezó a caer la cara de vergüenza nada más ver el pedazo de “algarrobico” que, sin tentarse la ropa, le habían endosado a la pobre Menga. ¡Y ahora lo van a desmochar un poco y disimular con arbolitos!

En esas estamos. Y, por increíble que parezca, todo el mundo se ha adherido: ¡Ayuntamientos, Academias, Prensa, Partidos políticos de todos los colores, con sus nuevas y viejas generaciones de miopes! Pero ¿a qué? ¿A que la UNESCO trague con semejante disparate? Todo el mundo se ha hecho la misma foto con Menga al fondo. Sonriendo de oreja a oreja mientras tienen el “algarrobico” ante los ojos. Alguien podría argüirte: es que hay gente “pa” “tó”. Sí, pero ¡en la vida ha visto uno tanto ciego junto!
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El carril bici de los dólmenes solo es incompatible con la incompetencia política

CARTA AL DIRECTOR
22/04/2015. Diario de Sevilla

Hace tres años las asociaciones de defensa del patrimonio y del territorio de Valencina y Guzmán convocaron una masiva marcha en reivindicación de un carril- bici que uniera los dos pueblos. Los ciudadanos tuvieron que echarse a la calle y reivindicar algo que caía por su propio peso, ante la incompetencia y los intereses de especulación del territorio con que se manejan las administraciones locales; más interesados en construir rotondas y travesías de urbanizaciones fantasmas que en modelos de movilidad sostenibles. Hace unos meses comenzaron las obras, justo antes de las elecciones, y con los plazos propios de los políticos que se lanzan a hacer obras llevados por un ardiente furor electoral. Pero el destino deparaba una sorpresa que era previsible: la zona que atravesaba el itinerario propuesto por las administraciones es una de las más ricas de Europa en patrimonio calcolítico, por lo que a las primeras de cambio aparecieron tres dólmenes, uno de ellos de un valor incalculable. Este territorio tiene ese increíble recurso, para su desarrollo y para la ciencia. Lo que para todos es un recurso, fuente de ingresos y empleo, para un político con ganas de cortar la cinta es un serio problema. Así los políticos de turno se han subido en el caballo de Atila, cometiendo una barbarie con el dolmen en medio de un procedimiento plagado de irregularidades. La vieja política, la de siempre, llevada a cabo por tres administraciones socialistas, que ningunean a los ciudadanos, que solo piensan en el territorio como espacio para la especulación y la ambición personal, y que ahora intentan enfrentar a los vecinos bajo la premisa de " o carril bici o dolmen". Pero nadie cae ya en sus proclamas infantiles. Esta sociedad ha madurado: el dolmen y el carril bici son compatibles, pero para ello hay que tener la inteligencia política de construir un proyecto global de territorio, debe haber unos plazos razonables, y no electorales, un tratamiento respetuoso y un trazado lógico. Con lo único que es incompatible el carril bici es con la incompetencia política, las miras estrechas y las ambiciones personales de los políticos que, a día de hoy, nos gobiernan.


Eduardo Pablo Apellaniz Bastero
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3 abr. 2015 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , , , , ,

CARTA AL DIRECTOR Pepe Gotera y Otilio en el carril bici de los dólmenes

Las actuaciones de las administraciones ante el descubrimiento de tres dólmenes de incalculable valor en las obras del carril bici de Valencina- Guzmán está siendo una chapuza. Comenzaron la obra, con un plazo electoralista, contando con información precisa de la existencia de restos arqueológicos en una zona que está declarada Bien de Interés Cultural. Por ello, el rebaje de más de un metro y medio, completamente innecesario, que ha dado lugar a la exposición y desestabilización de los frágiles monumentos prehistóricos, es una muestra de ineptitud técnica. Una vez que aparecieron los restos, sin pudor alguno, los comenzaron a cubrir, sin un proyecto que garantizara las condiciones mínimas de supervivencia. Ahora la Comisión Provincial de Patrimonio dice que hay que volver a descubrir los dólmenes y cubrirlos como es debido. Tras esta ceremonia de la confusión, ninguna de las tres administraciones, ni la propia Comisión Provincial de Patrimonio, le ha dedicado el tiempo exigible a la búsqueda de fondos para excavar, investigar y poner en valor el hallazgo. Y tampoco plantean la elaboración de un Plan Director que ponga las bases para que esto no vuelva a suceder. La Administración cultural se pliega una vez más a los intereses de un alcalde que no quiere que nadie le estropee su momento de gloria al cortar la cinta. ¿Hasta cuándo va a seguir nuestro patrimonio en manos de Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio?

Isabel Medrano Corrales. Castilleja de Guzmán

ESTA CARTA FUE PUBLICADA EL 28 DE MARZO DE 2015 EN ABC CON EL TÍTULO EN LOS DÓLMENES
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20 mar. 2015 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , , , , , ,

La Administración ¿Destructora del Patrimonio?

19/03/2015. Carta al Director.

En una extensa parte del territorio de las poblaciones de Castilleja de Guzmán y Valencina se encuentra uno de los yacimientos prehistóricos mas importantes de Europa, según expertos de las universidades de Sevilla, Huelva y varias británicas y alemanas que estudian este enclave. Su importancia es creciente a medida que avanzan las investigaciones sobre el mismo.

Pues bien, la construcción un carril-bici entre estas poblaciones y, al parecer debido a ciertos errores en la planificación, se han puesto al descubierto varios dólmenes de gran importancia.

Las administraciones implicadas, Ayuntamientos, Diputación y Consejería de Cultura, lejos de poner los medios necesarios para la correcta excavación y estudio de estos importantes hallazgos, se están apresurado en taparlos lo que los expone a su deterioro y muy probable destrucción en opinión de los arqueólogos.

La Consejería de Cultura que es la responsable de la protección de este importantísimo Patrimonio, en un alarde de opacidad y oscurantismo, se niega a dar información a los ciudadanos sobre lo que está ocurriendo, y mira a otro lado, haciéndose cómplice por tanto, de esta mas que posible devastación.

Tras cuatro años del proyecto del carril dormido por los despachos, los trabajos se están realizando a uña de caballo, a base de horas extraordinarias, sábados, festivos y lo que haga falta ante la inmediatez de las elecciones que dispara los plazos para inauguraciones.

Le pido al sr. alcalde de Valencina que ponga sensatez y paralice las obras del tramo crítico donde han aparecido los dólmenes, que no altera al carril en su conjunto y evite la destrucción irreversible de estos legados.

Juan Carlos Alarcón Bocanegra
Valencina
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2 feb. 2015 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , ,

Los constructores de megalitos en la Unesco

El Sitio de los Dólmenes de Antequera, en Málaga, puede ser inscrito en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.
02/02/2015. José Antonio Cabeza Vigara.

Hace algunos días leíamos en Diario Sur que la Junta de Andalucía ha elaborado un expediente para conseguir que el Sitio de los Dólmenes de Antequera, en Málaga, se inscriba en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

El expediente, que no se resolverá hasta 2016, se ha ofrecido en tres volúmenes. En el primero, como establece la Unesco, se explican detalladamente los cinco bienes presentados, es decir, el tholos de El Romeral, los dólmenes de Menga y Viera, y los parajes naturales de El Torcal y La Peña de los Enamorados. En el segundo se presenta un anexo y se expone la relevancia del megalitismo como una de las grandes manifestaciones culturales de la Humanidad. En el tercero se entrega una documentación digital en ocho discos.

Lo cierto es que llama la atención cómo estos monumentos, construidos entre el Neolítico y la Edad del Bronce, se han mantenido casi inalterados por el tiempo. Todavía hoy nos preguntamos cómo se pudieron levantar estas enormes estructuras en aquel tiempo. Pero, sobre todo, son sugestivas las numerosas tipologías que se engloban dentro del término megalito, que varían según las zonas o la funcionalidad.

En la fachada atlántica, por un lado, destacan hasta siete formas megalíticas diferentes. El menhir, del bretón piedra larga, que es un monolito vertical como el de Spellenstein en Rentrisch (Alemania), de 5 metros de altura. El alineamiento, que es una hilera de menhires, como el que se encuentra en Carnac, en Francia. El crómlech o círculo de menhires, como el de Avebury, en Inglaterra. El dolmen, que es una cámara funeraria abierta, como el de Los Mellizos de Valencia de Alcántara, en Extremadura. La galería dolménica o pasillo adintelado cubierto por un túmulo, como los denominados "dólmenes" de Menga y Viera en Antequera, Málaga. El sepulcro de corredor o pasillo adintelado acabado en una cámara funeraria cerrada con falsa cúpula, cubierto también por un túmulo, como el de Los Millares (Almería) o como el tholos de El Romeral de Antequera (Málaga). Y, por último, el henge o círculo ritual, que es un crómlech dolménico como el de Stonehenge, en Inglaterra.

En el Mediterráneo, por otro lado, también encontramos una forma diferente de megalitismo. En las Islas Baleares se encuentran unas estructuras ciclópeas entre las que vamos a destacar tres que se encuentran en Menorca. El talayot, que es una torre vigía aislada o integrada en un recinto amurallado, como el de Torello en Mahón. La taula, que se constituye por una piedra vertical coronada por otra horizontal, en forma de T, para prácticas ceremoniales, como la de Torralba d'en Salert en Alaior. Y la naveta, por último, que es una construcción longitudinal, con fachada frontal plana y ábside semicircular, de uso habitacional o sepulcral, como la Naveta dels Tudons que se conserva en Ciudadela.

Con suerte, la Unesco reconocerá la importancia del fenómeno megalítico en Europa e inscribirá, en 2016, los sitios de Antequera en su Lista de Patrimonio Mundial.
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14 sept. 2014 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas:

El no museo de la Torre del Oro

El Museo Naval no deja de ser una simple acumulación de piezas y curiosidades donde se mezclan algunos elementos de interés con otros que carecen absolutamente de él.
13/09/2014. Diario de Sevilla. FERNANDO BEJINES RODRÍGUEZ.

AHORA que la motosierra municipal ha sanado definitivamente aquellos árboles cuya enfermedad terminal fue ocultar su visión desde la Puerta de Jerez, quizás sea un buen momento para reflexionar sobre la Torre del Oro. No tanto sobre su nueva panorámica urbana desarbolada, sino sobre la conveniencia de mantener los usos de este emblemático edificio histórico, que es propiedad del Ayuntamiento de Sevilla. Su actual aprovechamiento como instalación museográfica parece, en principio, un uso adecuado a su condición histórica, pero el problema es que lo que hay en su interior es un no museo; siendo muy generosos, podríamos decir que como mínimo hace tiempo, décadas, que dejó de serlo.

La museografía actual se fundamenta en la articulación expositiva de un discurso intelectual del que esta colección carece absolutamente. El pomposamente denominado Museo Naval de la Torre del Oro no deja de ser una simple acumulación de piezas y curiosidades, de relación a menudo arbitraria, donde se mezclan algunos (pocos) elementos de interés con muchos otros que carecen absolutamente de él. Podríamos sugerir como justificación un cierto encanto vintage, si fuese como los voluntariosos museos marineros particulares que se pueden ver en Sanlúcar o El Puerto, pero que desde luego no resulta creíble como instalación museística institucional. Sencillamente, allí no se cuenta nada. Paredes repletas de láminas convencionales y copias (no muy buenas) de cuadros conocidos no justifican una visita.

¿Cuál es el interés cultural para Sevilla de seguir dedicando la Torre del Oro a exponer una galería de retratos de almirantes de la Armada?

Como si se tratase de una de esas incómodas herencias familiares, el mantenimiento de esta cesión de la Torre del Oro al Ejército es un asunto que los representantes municipales, vigentes y futuros, preferirán no remover para evitarse fastidiosas jaquecas. El triste resultado de no hacerlo es el incomprensible desaprovechamiento patrimonial de este recurso municipal, vinculado existencialmente al hecho diferencial que determina la verdadera singularidad histórica de Sevilla: la ría del Guadalquivir como puerto interior. A pesar de sus evidentes limitaciones de accesibilidad, este edificio hace tiempo que podría estar dedicado, por ejemplo, a explicar a los sevillanos y visitantes la transformación del estuario del Guadalquivir y aquel Puerto de Indias que revolucionó el Mundo, y por supuesto a cumplir su función natural como atalaya albarrana, hoy diríamos mirador turístico sobre el Río Grande de los andaluces. Pero si esta opción no satisface, o si ya se está contemplando para otros proyectos (siempre) pendientes, estoy seguro que cualquier Gestor Cultural sabrá proponer nuevos usos infinitamente más coherentes y provechosos que los actuales.

En esta ciudad que ha renunciado a tener su propio Museo de Historia, la Torre del Oro (Sevilla y el Río) podría ser el siguiente equipamiento de esa incipiente y prometedora red de instalaciones museográficas municipales tematizadas (Centro del Arte Mudéjar, Museo de la Cerámica de Triana, Antiquarium...). Habrá quienes se escuden en factores legales, e incluso emocionales, para mantener sine díe este uso caducado de la Torre del Oro, pero si el Ministerio de Defensa pudo vender, sin la menor lírica y al mejor postor, la antigua dehesa comunal de Tablada (medio-regalada en su día por la ciudad) no debería ser tan complicado revertir un convenio de cesión del año 1936, que en la Sevilla actual hace ya tiempo que carece de sentido.
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14 jul. 2014 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: ,

Baleares: El mensaje de las piedras


Sepulcro megalítico de Ca na Costa (Formentera). Archivo del museo del Puig des Molins.
Lo simbólico, lo cultural y lo religioso configuran en Ca na Costa un mensaje inextricable.
14/07/2014. Diario de Ibiza.

Arqueología. El sepulcro megalítico de Ca na Costa, en Formentera, no es sólo nuestra primera memoria. Es también un aparato arquitectónico que nos sigue sorprendiendo en su estructura por su enorme complejidad que, muy posiblemente, no está diciendo mucho más de lo que hasta ahora hemos podido leer en sus piedras. Todavía hoy, en Ca na Costa tenemos más preguntas que respuestas.

MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ | IBIZA Los arqueólogos tienen que ser empíricos en sus indagaciones y estrictos en sus comentarios. Las afirmaciones hechas sobre conjeturas o sospechas, por infundadas, suelen descalificar al estudioso que se atreve a formularlas. A los diletantes, en cambio, a los que metemos la nariz en el pasado de forma amateur se nos disculpa –en la misma medida que se nos ignora– cuando sobre las ruinas soñamos o dejamos volar la imaginación. Dicho esto, no conviene olvidar que también la intuición ha tenido y tiene su papel en la Arqueología. No son pocas las ocasiones en las que ha sonado la flauta por casualidad y se ha materializado un sueño. Verne, por ejemplo, se pasó de la raya en su viaje al centro de la tierra, pero se quedó corto cuando habló del Nautilus, de su vuelta al mundo en 80 días y del viaje a la Luna. En cualquier caso, el lector hará bien si pone en cuarentena las consideraciones que aquí se hacen sobre Ca na Costa y que sólo responden a la fascinación que, en quien suscribe, provoca el enigmático monumento.

Situado en Formentera, al NW del Estany Pudent, el asiento de Ca na Costa quiere ser significativo, no en vano ocupa un leve altozano rocoso, única elevación del entorno que domina un dilatado paisaje. Un pequeño venero de agua dulce queda a un tiro de piedra, aunque hoy, por el hundimiento del terreno, queda inmerso en las aguas del estanque vecino. Los lugareños de más edad dicen que el agua aún aflora y que en otros tiempos se aprovechaba. La primera noticia de ´unas piedras extrañas´ que asomaban junto a una casa payesa, en terrenos baldíos y junto a un acebuche, nos la dio en la Fonda Pepe, a mi mujer y mí, el verano del 72, Rolf Svanberg, un galerista sueco que residía en la isla y con el que hicimos una buena amistad. Poco después, el Museo Arqueológico de Ibiza hacía la primera excavación y confirmaba –creo que fue el 1974– el carácter prehistórico de lo que resultó ser una tumba. El estudio que después se hizo sobre los materiales y huesos allí depositados dató el sepulcro sobre el 2000 aC, circunstancia que hizo retroceder la habitación de las Pitiusas al bronce inicial. El hecho, sin embargo, de que tales megalitos se utilizaran como lugar de enterramiento durante mucho tiempo y teniendo en cuenta que el material depositado puede ser de los últimos usos del recinto, lleva a pensar en una fecha ligeramente más alta del Neolítico final, una datación que no parece exagerada si tenemos en cuenta que las culturas coetáneas del levante peninsular –a sólo 90 kilómetros– ya tenían un notable desarrollo. Las islas vecinas, por otra parte, Mallorca y Menorca al norte y Córcega y Cerdeña al este, ya estaban pobladas antes del cuarto milenio. Y sin olvidar que el tipo de dólmenes parecidos al que aquí tenemos –los de Cortaillod, por ejemplo, en la Francia meridional– son del Neolítico medio. A partir de aquí, cabe incluso pensar que nuestro megalito pudo construirse en las postrimerías del tercer milenio. Fuera como fuese, lo que aquí nos interesa, más que la datación, son las claves edilicias y simbólicas de su compleja estructura, única en el archipiélago balear.

El sepulcro megalítico de Ca na Costa tiene un corredor que estuvo cubierto con un techo bajo que obligaría a entrar a gatas y que, con poco más de 2 metros de largo, desemboca en un recinto central, de planta circular, con suelo de piedra caliza y un diámetro de casi 4 metros. Este espacio interior queda delimitado por 7 ortostatos enormes y sin tallar de unos 2 metros de diámetro y un grosor de entre 30 y 40 cm., encastrados verticalmente en el basamento de piedra del suelo. A tenor de las dos plataformas de piedra que rodean el monumento, concéntricas y de contención, unidas por otras 24 grandes losas verticales que mantienen una disposición simétrica y radial como contrafuertes, cabe pensar que tan potente estructura sólo pudo tener por objeto soportar el peso de la enorme piedra que cubriría el recinto. Esta complejidad de su estructura es lo que más sorprende por sus inequívocas ´señales´ de carácter simbólico, cultural y religioso. Es evidente que la colocación de las piedras no es casual y responde a las ideas y sentimientos de sus constructores, a la concepción que tenían de la vida y la muerte. Llama poderosamente la atención, por ejemplo, su concepción radial que, por sus contrafuertes verticales, presenta el sepulcro con la configuración de una estrella abierta como disco solar a todos los vientos. Aquellas gentes entendían que la vida, como el sol, aparece y desaparece en un ciclo que no deja de repetirse.

Número sagrado
El número de las piedras centrales, siete, es un número sagrado, símbolo en muchas culturas de lo infinito, lo inconmensurable, lo eterno. Y contrariamente, las 24 lajas del anillo exterior pueden aludir a la temporalidad y a la contingencia. Es un mensaje simbólico que no tiene nada de extraño porque lo encontramos en otros muchos pueblos primitivos que ya eran conscientes de los ciclos de la Naturaleza, de las estaciones y de la posición del sol en los distintos momentos del día. Visto lo visto, es incluso probable –más que posible– que aquellas comunidades tuvieran una forma de calendario. Y que las remotas divinidades naturales y astrales tuvieran en ellas un peso determinante. Nuestro megalito, por ejemplo, tiene su corredor orientado a poniente, dirección en la que el sol (la vida) se va. Las piedras, en muchos aspectos y en su aparente mudez, no pueden ser más explícitas sobre el sentido funerario del monumento. Y su estructura radial, al aludir al disco solar que muere y renace, descubre la creencia en una vida más allá de la vida. El trascendimiento de la arquitectura y el arte bien podría tener en esta primitiva edilicia sus primeras manifestaciones. Y no sería un mensaje menor.
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26 may. 2014 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: ,

"Tras años de sequía, vamos a retomar los trabajos arqueológicos en Itálica"


Pilar León-Castro, bajo las altas bóvedas de la antigua Real Fábrica de Tabacos de Sevilla.
Discípula de Blanco Frejeiro, descubridora del Traianeum y experta en escultura antigua, esta arqueóloga e historiadora es una referencia para los jóvenes investigadores en la materia.
25/05/2014. Diario de Sevilla. LUIS SÁNCHEZ-MOLINÍ

-¿Por qué la arqueología?

-Porque a mí me ha atraído siempre la historia de la cultura, cómo el hombre ha desbrozado el problema de la existencia. En este sentido, ya desde muy joven pensé que la Antigüedad poseía claves muy importantes para entender otros periodos históricos como el Renacimiento, el Barroco o el propio siglo XX. Además, me gustaban mucho las lenguas clásicas y, sobre todo, me encontré con un arqueólogo de una gran categoría: mi maestro Antonio Blanco Frejeiro. También con otros como Juan de Mata Carriazo o Agustín García Calvo...

-Blanco Frejeiro, uno de los grandes arqueólogos e historiadores españoles del pasado siglo...

-Sí, él nos enseñó que la arqueología era mucho más que las tejoletas, los tiestos, las piedras, etcétera y nos propuso una arqueología científica, seria, rigurosa, pulcra y culta. Aquello era deslumbrante... Ver el mundo clásico enlazando con el Renacimiento, con Las Meninas, con los grandes cambios actuales.

-¿Cómo era Blanco Frejeiro?

-Era un hombre de escuela, discípulo del renovador -por no decir fundador- de la arqueología científica española, Antonio García y Bellido, discípulo a su vez del gran José Ramón Mélida, el excavador de Mérida y director del Museo Arqueológico Nacional. Blanco tuvo la oportunidad de salir desde muy joven al extranjero y tanto en Oxford, de dónde volvió completamente transformado, como en Bonn trabajó con los grandes del momento. Tenía unas dotes personales extraordinarias en todos los sentidos: su presencia física, su voz, su elocuencia en el aula...

-Es algo que hoy se prefiere obviar, pero la personalidad y el estilo de los maestros son muy importantes. El buen pedagogo es un seductor.

-Exacto, los buenos maestros son seductores a través de la palabra y del pensamiento. La transmisión del conocimiento es oral... Lo dijo Sócrates y va a ser así hasta el final de los días. Naturalmente, hoy en día hay que tener muy presente las nuevas tecnologías, pero el tú a tú entre el maestro y su discípulo no se perderá jamás.

-Schliemann descubrió Troya; Borchardt, el busto de Nefertiti; Presedo, la Dama de Baza... Ya sé que esta visión romántica no le gusta a los arqueólogos modernos, pero ¿de qué descubrimiento se siente más orgullosa?

-En los años 70, cuando dirigía las excavaciones de Itálica, tuve la fortuna de encontrar un monumento excepcional, un inmenso recinto de culto dedicado a los grandes emperadores de origen italicense. Era la ruina de un expolio, pero afortunadamente la arqueología permitió recuperar la imagen que este gran santuario tuvo en la antigüedad.

-¿Se refiere al famoso Traianeum?

-Exactamente, el Traianeum. Sin embargo, vamos a someter las conclusiones de entonces a una revisión. A principios de los años ochenta, cuando hicimos la publicación sobre las excavaciones, llamamos a este templo, quizás muy categóricamente, Traianeum de Itálica, porque creíamos que nos encontrábamos un lugar de culto dedicado a Divo Trajano por parte de su hijo Adriano. Ahora, queremos matizar esto y ver si, como ocurrió en Pérgamo, el recinto también estuvo dedicado a Adriano. Desde hace años, yo animo mucho a la gente joven que trabaja conmigo a que revise esta cuestión.

-Itálica es uno de los principales atractivos turísticos de la provincia de Sevilla. Sin embargo, da la impresión de que, en los últimos años, no se le ha dado la importancia científica y arqueológica que tiene.

-Tiene usted razón y es una pena enorme. Pero, después de años de sequía y desengaño, vamos a retomar los trabajos arqueológicos en Itálica. Esto se debe en gran medida a que hay un nuevo director del conjunto, Antonio Pérez Paz -un hombre capaz, muy bien preparado como arqueólogo y como gestor- y una nueva directora del Museo Arqueológico, Ana Navarro, que le ha dado un nuevo rumbo a esta institución. La Junta de Andalucía, finalmente, ha aprobado y dotado un proyecto de excelencia que dirijo y que cuenta con un equipo de expertos nacionales y extranjeros muy importante. Gracias a éste, en Itálica se ha puesto en marcha un nuevo cauce de investigación muy moderno, muy actual, que abre unos retos científicos completamente nuevos.

-¿En qué consiste exactamente este proyecto, qué se va a excavar?

-Básicamente, entre septiembre y octubre vamos a retomar las campañas de prospecciones geofísicas y de georrádar que tuvieron un gran éxito en los años 90. Sin mover un ápice de tierra, queremos acabar de saber qué pasa en el subsuelo del yacimiento, en lo que llamamos las ruinas, la nova urbs, no en Santiponce, donde estas técnicas no se pueden aplicar. A partir de los resultados que se obtengan, tocaremos lo que se pueda: dos o tres intervenciones puntuales.

-¿Algún enigma que le gustaría resolver especialmente?

-Sí, pero ese enigma no se encuentra en la nova urbs (ciudad nueva), sino en la vetus urbs (ciudad vieja), debajo de lo que actualmente es Santiponce. Me gustaría poner en pie qué fue la plaza monumental que hay a la espalda cimera del Teatro de Itálica, el lugar de donde provienen gran parte de las grandes esculturas que actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico.

-¿Cuál es su teoría?

-La hipótesis más plausible es la que ha elaborado Álvaro Jiménez, quien cree que se trataría de una plaza que albergaría otro gran lugar de culto.

-Ha mencionado ya el Museo Arqueológico. A muchos nos da la sensación de que es una de las cenicientas de la cultura en Sevilla. Hubo mucho bombo y platillo con un proyecto de renovación integral que, por ahora, se ha quedado en nada.

-Lo del Museo Arqueológico de Sevilla es para echarse a llorar. Podría ser uno de los grandes museos del mundo en escultura y mosaicos, pero... Requiere tiempo y dinero. Yo creo que la nueva directora va a ser muy importante en este sentido.

-Pasemos a hablar de arte antiguo...

-Es mi especialidad: la Historia del Arte proyectada a la antigüedad clásica.

-De hecho, su discurso en la Real Academia de la Historia se tituló Ejemplaridad del arte griego. En él defiende que éste es lo que un inversor de bolsa actual llamaría un valor refugio. ¿Por qué?

-Porque tiene un prestigio bien ganado. El arte griego no es un bluf, sino algo que se acrisoló poco a poco, que progresó evolutivamente y que acabó cuajando en una realidad extraordinaria.

-En la península ibérica apenas se encuentran grandes obras de arte griego...

-Muy poco, los fenicios dificultaron mucho los asentamientos griegos. Lo que hay sobre todo es lo que llamamos artes menores: cerámica, bronces... Cosas que los mercaderes traían y llevaban. Eso sí, encontramos el reflejo del arte griego en el arte local.

-¿Por ejemplo?

-En la Dama de Elche. La influencia griega se deja notar en su serenidad, en su autodominio, en el sofrosyne, como dirían los griegos. También en todo el aparato que la señora lleva encima.

-Hijo del arte griego es el arte romano, del que sí encontramos grandes ejemplos en la Península Ibérica y, en especial, en Andalucía.

-Para verlos no hace falta salir de Sevilla. En el Museo Arqueológico hay verdaderas maravillas: la Venus de Itálica -con su componente alejandrino u oriental-, el Hermes o Mercurio, la Diana...

-Algunas de estas piezas permanecen en Sevilla casi de milagro.

-Sí, hubo un intento de llevarse a Madrid toda la gran escultura italicense que descubrió don Francisco de Bruna en del siglo XVIII y que, en un principio, se exponían en el Alcázar. Afortunadamente, las buenas mañas de Bruna con los políticos madrileños impidieron esta operación.

-También hubo intentos mucho más recientes.

-Exacto, cuando apareció la Venus de Itálica en los años 40. Romero Murube fue uno de los que intervino para evitar que se llevasen la escultura a Madrid. Aquel descubrimiento fue un impacto para Sevilla... Aquella señora emergiendo de la tierra... Hubo una especie de certamen poético.

-El arte romano es, en gran parte, una recreación del griego. Sin embargo, hay un campo en el que roza la perfección: el retrato.

-Sí, el arte romano retrata al individuo concreto -no al tipo, como hacían los griegos- con un sentido psicológico y una habilidad técnica sin parangón. Será el modelo posteriormente del retrato renacentista.

-¿Y por qué ese interés de los romanos por el retrato?

-Como decía Blanco Frejeiro, porque tenían un gran respeto por la crónica biográfica. El individuo tiene valor cuando tiene una experiencia, una trayectoria, cuando posee un poso dentro de sí importante para su transmisión. Por eso los romanos empezaron siendo muy aficionados al retrato del individuo viejo, del hombre hecho. Después habrá un momento de inflexión en la época de Augusto, en el que lo juvenil y desenfadado se pone de moda.

-¿Algunos de estos retratos le ha llamado especialmente la atención?

-En Córdoba hay uno de un viejo que, cuando lo veo, sé que sufrió los horrores de la guerra civil entre cesarianos y pompeyanos... Tiene un signo de dolor, de convulsión... Incluso el pelo, muy corto y pinchoso... Es la imagen de un periodo de conflagración y complicaciones.

-Impresionante, dígame alguno más.

-Otro viejo que se encuentra en el museo de Jerez y que probablemente sea del periodo de Augusto. Es la expresión de la superación de esos conflictos. Parece decir: "Ahora es el momento de la pax romana y yo, que soy viejo y tengo una carga de escepticismo y de humor a la griega, voy a seguir viviendo".

-Usted ha estudiado también algunas de las mejores colecciones sevillanas privadas de arte romano...

-Sí, la del Marqués de Aracena, la de la Condesa de Lebrija y, más tangencialmente, la de la Casa de Pilatos, que es la colección por excelencia. Cuando daba clases en Córdoba se me ocurrió la idea de hacer una exposición con las colecciones privadas de familias de la ciudad... ¡Lo que aquello hubiese sido! No se lo puede ni imaginar... Finalmente no lo propuse debido a los miedos y los resquemores. Hasta hace poco, uno de los mejores retratos de Augusto de la Bética, que actualmente se encuentra depositado en el Arqueológico, estaba en una colección particular de Lora del Río... La familia Miura también tiene una colección excepcional, porque probablemente la finca Zahariche fue en su día una villa romana.

-Pese a la tentación demagógica, lo cierto es que gracias a esos coleccionistas privados se salvaron muchas piezas.

-Puede estar usted seguro. Gracias a la Condesa de Lebrija, por ejemplo, se salvaron una gran cantidad de mosaicos que iban a desaparecer, lo cual desesperaba a Demetrios de los Ríos. Hoy en día los podemos ver en una colección que está abierta al público.

-Usted estuvo 20 años enseñando en la Universidad de Córdoba, ¿Cree que es la ciudad más romana de Andalucía?

-Sin duda alguna, con esas palabras la define Ramón Pérez de Ayala: "Córdoba es la más romana de nuestras ciudades". El nombre lo dice todo: Patricia Corduba, la ciudad de los patres, del Senado. Es un modelo de romanidad extraordinario.

-Precisamente, usted hizo su tesis doctoral sobre la figura de Séneca el Viejo, padre del Séneca más conocido. ¿Cuál es su interés?

-Vivió mucho más tiempo en Córdoba que su hijo. Era un personaje extraordinario que perteneció a la orden ecuestre, es decir, que no estuvo al nivel social que consiguió para sus hijos. Aun así, tuvo muy buena formación desde niño y su gran modelo fue Cicerón. Trató a todos los grandes de la época comprendida entre el final de la República y el comienzo del Principado: Asinio Polión, Pocio Latrón, Junio Galio… En sus obras Controversias y Suasorias da una visión de aquel mundo. Escribió una Historia que debió de ser muy interesante para analizar la época de las guerras civiles, pero los autos de fe que se llevaron a cabo en épocas de Augusto y, sobre todo, de Tiberio acabaron con ella... Como con otras tantas.
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15 may. 2014 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas:

El dueño del castillo de Alocaz (quienquiera que sea)

Reflexión sobre la falta de protección del patrimonio cultural no urbano.
FERNANDO BEJINES RODRÍGUEZ
15/05/2014. Diario de Sevilla.

TENIENDO en cuenta la afición de un reciente ex alcalde por regalar los castillos que levantó la ciudad de Sevilla para la custodia de su antiguo Reino, entiéndase Cortegana y Alcalá, no es extraño que no podamos saber a ciencia cierta a quién pertenecen los mutilados restos del castillo de Alocaz, en Utrera, que también fue construido por el Concejo sevillano para la defensa, en este caso, de la frontera de la Banda Morisca. Si le preguntamos al encargado de labrar estas tierras, el oppidum bajo el que se encuentra la ciudad romana de Ugia, nos dirá que el castillo es propiedad del cortijo, el mismo donadío del que surgieron las rentas que fundaron la Universidad de Sevilla, pero si la pregunta es si piensan hacer algo para evitar que terminen de desmoronarse los torreones que aún permanecen en pie, nos dirá, tranquilamente, que no, que eso en todo caso "que lo haga la Junta".

Esta cuestión de la propiedad de los restos históricos del castillo Alocaz, junto a la carretera N-IV, allá por el cruce de Las Cabezas, no es accesoria, porque si efectivamente pertenecen al cortijo homónimo, como tradicionalmente se sobreentiende, la Administración se apresurará a aclarar que la conservación de los maltrechos torreones, declarados Bien de Interés Cultural, corresponde al propietario de la finca, lo que legalmente sería absolutamente cierto. Pero el problema es que, tal y como están las cosas de lo público, y en el supuesto caso de que efectivamente sean privados, esta Administración no pensará en darse por aludida ante el previsible desmoronamiento de lo que queda de la torre principal de este recinto histórico, que desde que fue construida a principios del siglo XIV había sido hexagonal, pero que al día de hoy sólo mantiene, parcialmente, la mitad de sus paredes, por el desmoronamiento hace años de la otra mitad.

Es curiosa la forma en la que las administraciones competentes en Patrimonio Cultural vienen amparándose en la responsabilidad legal de los propietarios respecto a la conservación física del patrimonio histórico de naturaleza privada para desentenderse del concepto de "tutela", que en todos los casos, sí, en todos, corresponde a la Administración. Es decir, la garantía de que vamos a ser capaces de trasmitir a las generaciones futuras los valores patrimoniales de los bienes protegidos corresponde siempre a la Administración, que tendrá que actuar competentemente, en los casos que así se requiera, para exigir que los propietarios de los bienes históricos de naturaleza privada cumplan con sus obligaciones legales respecto a la conservación física de sus propiedades. Si las fachadas de mampostería de la torre del castillo de Alocaz terminan por desmoronarse, quienquiera que sea su propietario habrá incurrido en un incumplimiento de sus responsabilidades de conservación, pero la Administración también habrá incurrido en la dejación de su obligación de "tutelar" que efectivamente se produzca la conservación material del bien protegido, por parte de quien sea responsable legalmente.

La situación del castillo de Alocaz no es diferente a la de tantos otros elementos patrimoniales dispersos por entornos no urbanos, sobre los que en la práctica no se ejerce ningún tipo de acción de conservación ni de tutela, lo que traducido viene a significar que están totalmente desamparados. Si un día termina por desaparecer el castillo de la Torre del Bollo, cerca de El Coronil, que fue otro enclave del Concejo de Sevilla para defender los anchos campos de Utrera de los moros de Zahara, Setenil y Ronda, como ya ocurrió hace tiempo con la torre de la Ventosilla, esta nueva sociedad menguante, entenderá, interesadamente, que ha sido un desenlace "natural", una consecuencia "lógica" de la imposibilidad actual de atender el estado de estas construcciones, que hoy en día algunos prefieren reconsiderar como circunstanciales. Al estar localizadas en emplazamientos no urbanos, impracticables para el turista convencional, su posible desaparición tampoco supondrá excesivos remordimientos, ni públicos ni privados.

La Torre del Bollo requiere un andamiaje que apuntale el débil sustento de sus fachadas derrocadas; las paredes de la torre del castillo Alocaz todavía pueden ser perfectamente restituidas porque los sillares y la mampostería de sus muros desmoronados están allí mismo, a la espera de que alguien los reponga, antes de que otro alguien se los lleve; en Torre-Lopera nadie habrá quitado aquella higuera incipiente que brotaba hace años de una amenazadora grieta del muro, y hoy sus ya dilatadas raíces leñosas habrán provocado peligrosos deslizamientos de los sillares angulares, etcétera. Este tipo de construcciones históricas dispersas sucumbían tradicionalmente por el efecto que sobre la rapiña del abandono provocaban los terremotos o los rayos, pero en estos tiempos tecnológicos, la falta de una tutela efectiva, en cualquiera de sus manifestaciones, resulta mucho más dañina que la peor de las tormentas.

Si ustedes leen el estudio de la historiadora Raquel M. López sobre La Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la provincia de Sevilla se darán cuenta de que gran parte del Patrimonio Cultural que ha sobrevivido a las adversidades y a las carestías, que siempre han existido, ha sido consecuencia de que en los momentos críticos alguien que estuvo pendiente reaccionó. Este heroico "estar pendiente" de los tiempos de Gestoso se llama en nuestros días "tutela patrimonial", y es un principio legal, además de ético, que mucho me temo que corresponde a la Administración, aunque el edificio protegido tenga dueño con apellidos. Muchas veces, prolongar la vida de estas construcciones históricas dispersas, hasta que lleguen tiempos mejores, no consiste en esperar la bendición de encontrar una Caixa que nos resuelva la papeleta de una restauración integral, que ojalá, sino en la diligencia cotidiana de apuntalar un hastial o en arrancar a tiempo una higuera silvestre, y, por supuesto, en la competente exigencia de que cada uno cumpla con su parte. Por estos anchos campos del "pan llevar" de Utrera, el modesto trabajo de una cuadrilla de peones del antiguo Empleo Comunitario sigue manteniendo en pie, treinta años después, los tapiales de la fortificación medieval del puente romano de La Alcantarilla, y la interesantísima torre del cortijo de Troya, testimonio arquitectónico del Repartimiento castellano, existe todavía porque hace muchos años un propietario responsable zunchó sus muros y grapó sus grietas.

Así pues, si las paredes de la torre del castillo de Alocaz terminan por desmoronarse, y con ellas la certidumbre en la inherente e irrenunciable aplicación del principio de "tutela" sobre estos patrimonios no urbanos, tan esenciales para el entendimiento de nuestra historia como "invisibles" para nuestra sociedad, ya saben que pueden ahorrarse las excusas, sean públicas o privadas.
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«El Aljarafe es un lugar portentoso para la arqueología»


La catedrática y académica Pilar León-Castro.
La académica de la Real Academia de la Historia Pilar León-Castro y Sebastián Vargas, arqueólogo del CSIC, desgranan la realidad actual de la arqueología en una charla en Bormujos.
13/05/2014. ABC.

De Valencina a Camas, sin olvidar Santiponce, el Aljarafe está repleto de restos arqueológicos. Se trata de un enclave geográfico único que favorece el desarrollo de la vida humana. «Es un enclave portentoso» con una importancia única desde la etapa prehistórica. Quien así lo define es la catedrática de Arqueología y académica de la Real Academia de la Historia, Pilar León-Castro Alonso.

Ella será, junto con Sebastián Vargas Vázquez, arqueólogo del CSIC, la encargada de impartir una conferencia sobre los problemas actuales de la arqueología. Un evento que se enmarca en las primeras Jornadas de Historia «Legitimando la Historia» que el municipio acoge durante este mes de mayo.

«Queremos que la gente sepa que la arqueología es una ciencia pero que quiere vivir con la sociedad». Por ello, nada mejor que conozcan cuál es la realidad de la misma y de los trabajos que se realizan, «las dificultades metodológicas con las que se encuentran los arqueológos así como la interpretación de los resultados hallados», explica León-Castro.

Proponen para ello una ponencia didáctica y «apta para todos los públicos», en la que los asistentes se encontrarán con ejemplos conocidos y fácilmente identificables.

Hablarán, cómo no, de Itálica, o de los dólmenes de Valecina. Precisamente sobre ellos dice la experta que se ha relizado un trabajo «encomiable», asegurando que, «el día que se exponga todo lo encontrado en los diferentes restos de este municipio, Sevilla se llevará una gran sorpresa».

Aunque León-Castro asegura que la arqueología está viviendo actualmente una etapa de florecimiento, en el que los especialistas tienen una posición sólida y entusiasta, lo cierto es que desde el punto de vista de los recursos «aún hace falta mucho más», refiriéndose, sobre todo, al papel de la Administración y del mecenazgo.

Respecto a la posición de la arqueología en relación con las actuaciones urbanísticas y las grandes infraestructuras, la catedrática explica que el marco legal para proteger los restos arqueológicos existe, sin embargo, en ocasiones, por diversas casuísticas no se cumple al cien por cien. Eso sí, para esta experta la Junta de Andalucía «ha estado muy implicada en que la normativa se cumpla en este campo».

Progamación

La cita es este martes, 13 de mayo, a partir de las 18.00 horas en el Centro Cultural Atarazana de Bormujos. Se trata de la I Jornada de la Historia dentro del ciclo «Legitimando la Historia» en la que se enmarcan otras conferencias. En ella se pretende realizar un análisis sobre la certeza o falsedad de los datos históricos que nos llegan.

La próxima cita será el jueves 15 de mayo, con José Luis Rodríguez de Diego, ex director del Archivo General de Simancas, y José Antonio López Gutiérrez, facultativo del Cuerpo de Archiveros del Estado y profesor de la Universidad Pablo de Olavide.

Finalmente, el martes 20 de mayo, se celebra la última conferencia con Carlos Martínez Shaw, miembro de la Real Academia de la Historia. Se trata de una iniciativa organizada por el Archivo Municipal y la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Bormujos.
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20 abr. 2014 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , ,

Educación y cultura en el lugar del descanso eterno

18/04/2014. La Opinión de Málaga.
Luciano Alonso*

Hace casi un mes que El Sitio de los Dólmenes de Antequera se convirtió en la candidata oficial de España a entrar en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. Desde entonces todos los ojos están puestos en el complejo fúnebre de 6.000 años de historia, pero lo cierto es que el monumento megalítico mejor conservado de nuestro país, incluso del mundo, hace ya años que brilla gracias al turismo y las actividades educativas y culturales que se realizan en él.

Los Dólmenes fueron diseñados para que cuatro veces al año, en cada cambio de estación, capten un espectáculo de luz y energía que inunda e ilumina hasta la última piedra del monumento megalítico. Esta vinculación a la astronomía se puede apreciar todas las épocas del año, pero en particular el equinoccio de primavera y de otoño se pude admirar desde dentro del Dolmen de Viera, el solsticio de verano desde el de Menga y el de invierno desde El Tholos.

Además, hay una fuerte vinculación y convivencia con la naturaleza que solo existe en un lugar en el mundo, en Antequera. La Peña de los Enamorados, que tiene la figura de un indio mirando al cielo y trasmite una paz envolvente, se ve claramente en cualquier época del año desde el interior del Dolmen de Menga. La salida del sol se atisba solo desde el Dolmen de Viera y desde la falsa cúpula de El Romeral la visión es sobrecogedora ante la inmensidad del espacio natural del Torcal de Antequera.

Está diferenciación y peculiaridad fue la que convenció al Consejo del Patrimonio reunido en Plasencia (Cáceres), el pasado 28 de marzo, para votar a favor del complejo funerario. Pero, la carrera por el título de Patrimonio Mundial y el ingreso en el mapa de los grandes monumentos megalíticos del mundo es larga. La candidatura oficial del Sitio de los Dólmenes de Antequera por España se presentará ante el Centro de Patrimonio Mundial en París en enero de 2015. Tras superar esta cita, lo siguiente sería en junio o julio de 2016 para convencer a los órganos consultivos de que el único complejo funerario megalítico español forme parte de la Unesco.

Este combo monumental y paisajístico (Dólmenes, Peña de los Enamorados y Torcal) es un reclamo para el turismo de interior y una alternativa a la oferta de sol y playa que tiene la Costa del Sol y el turismo cultural, del que somos líderes. Tan solo desde el año 2000 han pasado por el Conjunto Arqueológico más de un millón de personas.

La atracción de los visitantes por conocer el lugar que eligieron nuestros ancestros para el descanso eterno ha llevado a crear alrededor del Sitio una oferta educativa y cultural bastante amplia. Desde hace una década se organiza, a parte de visitas guiadas y jornadas de puertas abiertas, con especial relevancia las Celebraciones del Sol y de la Luna en los equinoccios y los solsticios, el Congreso de Prehistoria de Andalucía y se gestiona la edición de Menga. Revista de Prehistoria de Andalucía.

En el ámbito científico, el Conjunto Arqueológico juega un papel fundamental. Hay tres proyectos, en las líneas de I+D+i, que se están desarrollando en Antequera. Dos de ellos están impulsados y dirigidos desde la Universidad de La Laguna y con la intervención de investigadores de las dos universidades canarias, de Granada, París y Córcega. Y en el tercero, que lidera la Universidad de Sevilla, participan investigadores de las universidades españolas de Málaga, Sevilla, Granada, Alcalá de Henares y Vigo, y de las inglesas de Southampton y Cambridge.

El esfuerzo por crear una oferta educativa y cultural distinta en el complejo megalítico es ya una realidad. Y el último empujón será posible en 2016 cuando el Sitio de los Dólmenes de Antequera consigan ser Patrimonio Mundial de la Unesco.

*Alonso es consejero de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía
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1 abr. 2014 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: ,

El problema y la oportunidad

27/03/2014. El Mundo.

La historia de los dos hermanos del Aljarafe que han visto frustrado su propósito de instalar una pista de paint-ball en una finca de Valencina propiedad de su familia porque el Ayuntamiento se niega a darles licencia debido a la necesidad de proteger los abundantes restos arqueológicos de gran valor que hay en la misma nos ha vuelto a situar ante un debate aún no resuelto: considerar el patrimonio como un problema en vez de como una oportunidad. A fomentar esta idea desde luego contribuyen determinadas actitudes. Porque si está bien el celo y el ser estrictos con la conservación del patrimonio histórico heredado, también es cierto que se ha de ayudar a quien ha de soportar las cargas a que obliga su conservación, al tiempo que facilitar el disfrute de ese patrimonio por parte de todos. No sirve de nada mantener enterrado y oculto ese patrimonio bajo un terreno baldío, impidiendo a los dueños de éste extraerle partido, cuando podría ser un atractivo turístico, al tiempo que una fuente de ingresos. Es cierto que hay determinados yacimientos que, por su extrema delicadeza, no pueden permanecer expuestos a las inclemencias meteorológicas y conviene mantener enterrados para su preservación, pero en tales casos es la administración que así lo exige quien debe asumir las cargas que ello comporta. Sucede que aquí ha venido siendo todo al revés. Porque no ha sido infrecuente que la administración, tan celosa obligando a los particulares a preservar yacimientos a cambio de nada, haya hecho de su capa un sayo cada vez que lo ha estimado oportuno, siendo en ocasiones la primera que considera un problema lo que en el fondo es una gran oportunidad. Claro que, cuando se tiene el nivelito que algunos que mandan tienen, verlo así resulta un poco complicado.
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8 feb. 2014 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas:

Gamonal. Los Hércules y la Alameda

Después de 500 años, los Hércules siguen siendo el mejor e insuperado monumento público. Lo sucedido en Burgos debe servir de experiencia para no forzar imposiciones.
06/02/2014. Diario de Sevilla.

SEVILLA es una ciudad levantada con poca piedra, y de mala calidad. Los granitos del piedemonte de Sierra Morena sirvieron para pavimentar pero no para construir, al igual que aquellas losas de Tarifa a las que concedemos la condición de mármol pero que sólo se utilizaron para esculpir baldosas rústicas, que hoy, por cierto, cuestan un dineral. Las calcarenitas de Carmona y Alcalá sí se aprovecharon por su fácil labra y su bello reflejo dorado, pero a poco que se las presione tienden a querer ser arena, y las calizas de Morón, color paja, son algo más compactas pero se fracturan con facilidad a base de lluvia y viento.

Después de casi quinientos años, después de exposiciones iberoamericanas y universales y, sobre todo, después de esta última y falaz década "prodigiosa", que ha llenado Sevilla de esculturas mediocres y conmemoraciones cuestionables, los Hércules de la Alameda siguen siendo el mejor e insuperado monumento público levantado en esta ciudad, y curiosamente representan la mítica celebración de sí misma, pero entendida desde la plenitud estética del Humanismo y no desde la empalagosa autocomplacencia de nuestros días. Sin embargo, y aunque resulte contradictorio con las prácticas patrimoniales vigentes, deberíamos ir pensando en la conveniencia de bajar de tan honrosos pedestales a los patriarcas hispalenses, cuyas anatomías están siendo consecuentes con su naturaleza caliza de Morón. Al igual que los grutescos del Ayuntamiento, o las pilastras exteriores de la Sacristía Mayor de la Catedral, sufren pérdidas de materia que amenazan su integridad, lo que haría recomendable su sustitución por copias, por cuanto se corre el riesgo de mantener su originalidad a costa de perder su artisticidad.

En la conservación del Patrimonio, el uso de copias para preservar originales es siempre una decisión polémica y traumática, de la que se abusó mucho en otras épocas en las que se prefería incrementar los fondos museísticos a costa de descontextualizar obras que habían sido concebidas para su exhibición pública exterior. Hoy, ésta es una opción de último recurso y restringida a casos donde no se considera viable la garantía de su conservación, y aun así se supedita a la resolución de una serie de criterios técnicos y de discursos intelectuales, a menudo contradictorios, con los que se intenta dilucidar que el "fraude" aceptado que supone toda sustitución de un elemento artístico por una copia formal sea el inevitable mal menor. En el supuesto caso de abrir este debate sobre los Hércules, tendríamos que ir determinando qué es lo que habría que reproducir, si las esculturas que labrara Diego de Pesquera en 1574 o las imágenes actuales con sus pérdidas de materia y sus contornos erosionados por el tiempo, además de proponer un uso patrimonial consecuente para los originales. Afortunadamente, y gracias a la restauración de hace unos años, esta cuestión aquí propuesta no parece urgente, pero también es verdad que estos debates conviene plantearlos sin urgencias.

La intervención urbanística de 2008 sobre la crítica Alameda de finales del siglo XX fue una necesidad incuestionable, que tuvo logros importantes en la ordenación de los espacios públicos y en su revitalización social, pero que fue cuestionada desde los primeros momentos de su realización, no sólo por su mala calidad constructiva, sino por una estética fallida que ni es contemporánea ni es tradicional; una especie de pretendida modernidad pre-Expo 92, más asociada a bulevares costeros de turismo nacional de los años 80 que a un emblemático espacio urbano cargado de significado. A pesar de su generalizada decadencia, la Alameda siempre mantuvo su dignidad como enclave urbano singular, como espacio vital asumido aún en su manifiesto declive, expresada por ejemplo en aquella defensa ciudadana de su condición arbolada. El referente máximo de todo esto han sido históricamente los monumentales pedestales conmemorativos, pero eso no lo entendieron quienes diseñaron esta Alameda, que consiguieron la paradoja de que las columnas de los Hércules parezcan actualmente un estorbo en esa especie de pista de skate en la que ahora se sitúan. Como sello personal, además de las cuestionables pérgolas de hormigón, nos regalaron un reloj elevado sobre un pilar que se inclina, según comentario de los propios autores, para "respetar" la verticalidad de las columnas romanas: si es así, ya podían haberlo puesto en otro lado, o directamente no ponerlo en ningún sitio, porque sencillamente es un capricho innecesario.

Nuestros munícipes tienen rondándoles por la cabeza la idea de levantar la actual Alameda, pero no porque no les guste su aspecto, que no les gusta, sino porque están empeñados en privatizar su subsuelo. No pretenden corregir lo que la intervención de 2008 dejó sin resolver, es decir, la falta de calidad urbanística de este enclave excepcional, sino revertir lo que sí resolvió aquella intervención, la espacialidad al servicio del ciudadano, para involucionar hacia una Alameda-megaparking del centro.

Eso sí, de camino se aprovecharía para "sevillanizar" su superficie con la instalación de las "madrileñas" farolas fernandinas. Quienes no quieren coches en la Alameda tampoco son entusiastas de la estética actual, pero son defensores de la ganancia adquirida, asumiendo que durante los próximos 20 ó 30 años tendremos que amortizar una Alameda fea pero útil. La reciente experiencia de Gamonal debería servir, al menos, para que desde la Administración no se forzaran imposiciones irreversibles, para temporalizar sin conveniencias oportunistas debates que afectan a la forma en la que los ciudadanos construimos la ciudad, a base de vivirla día a día.

Con esta tesitura latente, política y social, la verdad es que a pocos sevillanos les va a interesar el debate sobre qué hacer con los Hércules de la Alameda. Mientras tanto, mientras la naturaleza caliza de Morón del mejor monumento público levantado en Sevilla sigue siendo erosionada por el viento y la lluvia, nosotros seguiremos llenando esta ciudad de esculturas mediocres y empalagosos e innecesarios monumentos a la autocomplacencia. Andan por ahí proponiendo un monumento al costalero; por favor, al menos, no lo pongan en espacios urbanos tan singulares como la Alameda.
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15 nov. 2013 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , , ,

Huelva: El Dolmen de Soto

15/11/2013. Huelva Información.

FERNANDO BARRANCO MOLINA

VISITÉ este monumento megalítico en varias ocasiones. Cada vez que llegaba algún amigo a nuestra provincia, me gustaba servir de cicerone y guía presumiendo de mi provincia.

Este es un lugar lleno de encanto y significado en nuestra historia local, es el monumento megalítico más importante de Huelva y uno de los más importantes de Europa, construido aproximadamente unos 3.000 años antes de Cristo y descubierto accidentalmente por don Armando de Soto en la finca de su propiedad LaLobita, en el termino municipal de Trigueros, en el llamado Cabecillo del Zancarrón.

Los últimos intentos de volver a visitarlo acompañado de gente de fuera fueron inútiles porque estaba cerrado por obras. Obras que duraron muchos años y por eso se cerró al publico. Por fin, este verano se inauguran las obras de reforma y vuelvo a visitarlo acompañado de amigos a quienes les tenía prometido llevarlos. Respecto a las obras, no tengo nada que objetar; yo, el propio dolmen no lo hubiese tocado y construir un centro de interpretación en el entorno me ha parecido muy buena idea y haberlo hecho bajo tierra, también; adecentar la explanada, también me ha parecido correcto, pero el propio dolmen me hubiese gustado más en su estado natural, tal como se lo encontró el Sr. de Soto o tal como lo estudió el ilustre arqueólogo alemán Hugo Obermaier, catedrático de la Universidad de Madrid en los años veinte del siglo pasado, sin hormigón y sin luces.

Cuanta gente hay en nuestra provincia que no lo conoce, es tremendo que no conozcamos nuestras maravillas. Se que en Punta Umbría numerosas personas no han entrado nunca a visitar la Torre Umbría, nuestra torre almenara, tan rica por dentro y tan cargada de historia y los onubenses en general tampoco la conocen, como asimismo pasa con el Museo de Huelva, que miles de onubenses no lo han visitado nunca.

Pero lo de los accesos al dolmen no tiene perdón. Cuando las autoridades fueron a inaugurarlo no pensaron en el ridículo que iban a hacer cada vez que alguien fuese a visitarlo. La carretera que va de Trigueros al Dolmen, unos 7 u 8 km, puede tener un pase ya que se han parcheado los cientos de agujeros, pero la que sale de la carretera Nacional de Huelva a Sevilla, que sólo tiene un par de kilómetros, es toda ella un puro despropósito. Carretera destrozada, agujereada, con baches tan grandes que un coche cabe dentro de ellos. Estoy de acuerdo que la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía hizo su trabajo de forma que yo le daría un aprobado, pero podría haber hecho fuerza ante otros organismos -llámese Diputación, ayuntamientos u otras delegaciones de la Junta de Andalucía con competencias- para que la carretera de acceso no presentase el estado de abandono tan lamentable. Repito, es el acceso a uno de los monumentos megalíticos más importante de Europa.

A los políticos que rigen los destinos culturales de nuestra tierra les pido que se tomen interés por nuestras cosas y si ellos no tienen competencias, que las reclamen a sus compañeros que sí las tienen, pero por favor, que en breve nos den la buena noticia de la apertura al público de los nuevos accesos al Dolmen de Soto. A mí me dio vergüenza llevar a mis amigos de fuera que sabían lo que iban a ver, por donde los llevé, y si los responsables no son capaces de arreglar esto, quiten los carteles que indican que ese es el camino para llegar, porque llegar es toda una aventura. Hagan la prueba.

Les recomiendo el magnífico libro que editaron los notables arqueólogos de Huelva: Jesús Fernández Jurado, Pilar Rufete Tomico y Carmen García Sanz, de la Sección de Arqueología de la Diputación Provincial de Huelva, para que conozcan a fondo la importancia de nuestro monumento.
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3 oct. 2013 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , ,

Habitantes de tierra de dólmenes. Del espacio emocional a la construcción del espacio público

Autor:
Mesa Ciudadana en Defensa del Paisaje Protegido y Yacimiento de Valencina-Guzmán

Resumen:
Contaba el premio Nobel irlandés Seamus Heaney que de pequeño le gustaba ver a los mayores recoger con un cubo el agua de un pozo que había en mitad de los campos. Observaba siempre con tensión y misterio la canción repetida de la vieja polea que iba girando con lentitud, y la cuerda que descendía hacia lo oscuro, para después subir, hasta que aparecía el cubo bailando suavemente, suspendido en el aire, y derramando gotas de agua a su alrededor. Ese pozo estaba en una loma que descendía suavemente hasta el pueblo, y en la que se alzaban dólmenes y piedras milenarias, restos arqueológicos que eran solo una mínima parte de lo que ocultaba el prado verde; por lo que siempre pensaba que ese agua que después beberían, venía fresca ofrecida por los antepasados de los antepasados, bálsamo para el alma y la memoria que cruzaba desde el origen de los tiempos.

Pasados los años aprendió y oyó por primera vez en la universidad la palabra griega omphalos, que significa ombligo, y su sonoridad, deletreada de forma lenta y espaciada, una y otra vez, le devolvió al sonido de la polea girando, y el cubo ascendiendo desde las entrañas de la roca y el ser de su pueblo.

Om-pha-los, om-pha-los, om-pha-los... Ombligo, el agua que nos conecta a través de su curso a la vez oscuro y luminoso, con nuestra existencia colectiva. Los habitantes de tierra de dólmenes vivimos vinculados íntimamente al curso de la memoria que transcurre bajo tierra, a la luz revelada de la materia original; la piedra, los metales, el coral, agua que mana de lo profundo para nutrirnos y colmar de sentido y emoción nuestro presente.

Ahí tenemos el asombro, la emoción. Y la emoción activa nuestra capacidad para encontrarnos y organizar la tarea común de protección y defensa de algo tan valioso como nuestros sueños. Esa ha sido nuestra experiencia en el territorio de Valencina-Guzmán. Vivimos en el mundo de hoy la contradicción entre la convocatoria universal a participar en el espacio público y la fragmentación de los intereses y discursos, la coexistencia en todos los niveles de la vida cotidiana de procesos que nos vinculan y hacen interdependientes, junto con el enquistamiento de diferencias que parecen insuperables. El espacio público es el ámbito en que organizamos nuestra experiencia colectiva; es donde los miembros de una sociedad producen una realidad común, como ciudadanos plenos, más allá de su condición de consumidores, electores, creyentes, expertos, y ensayan una integración, un reconocimiento en términos de compatibilidad que permite defender lo que es nuestro, y generar propuestas que mejoran la vida cotidiana y ensanchan las posibilidades de su entorno material y emocional.

Palabras clave: territorio; patrimonio; espacio público; mesas ciudadanas; democracia participativa.

Publicado en el volumen 18 de Treballs d’Arqueologia correspondondiente al Seminario: Creant xarxes del passat al futur: patrimoni històric i societat civil.

Publicado en formato digital, forma parte de la plataforma Open Journal System (OJS) de la de la Universitat Autònoma de Barcelona.

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