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Aparece el vestigio de actividad humana más antiguo de Sevilla

Los arqueólogos hallan en el Patio de Banderas una cocina del siglo VIII a. C. con varios fragmentos cerámicos · Cada vez aparecen más indicios de la basílica paleocristiana de San Vicente Mártir
Diario de Sevilla. 02/07/2009. Luis Sánchez-Moliní

Las excavaciones que se están desarrollando en el Patio de Banderas han posibilitado un descubrimiento inesperado: los vestigios de actividad humana en Sevilla más antiguos que se conocen hasta la fecha. Se trata de un fondo de cocina u horno que data del siglo VIII a. C., en los últimos años del Bronce Final, el momento en el que los historiadores y los arqueólogos datan el origen de la capital andaluza.

Sorprendente ha sido también la aparición de los restos de un gran edificio romano de la época tardorrepublicana, de la que, hasta hoy, apenas se habían documentado vestigios arqueológicos de importancia.

Estos dos hallazgos de importancia se suman a los restos ya anunciado en los meses anteriores que, como indica el director de las excavaciones, Miguel Ángel Tabales, permiten hacer un recorrido por la historia de la ciudad desde sus orígenes hasta el siglo XI, ya con el dominio musulmán en pleno apogeo.

Aunque ya se habían encontrado con anterioridad algunos restos cerámicos del siglo VIII a. C. en el mismo Alcázar o en San Isidoro, no se tenía constancia arqueológica de actividad humana en esta época. Por esto el descubrimiento de esta cocina ha provocado el entusiasmo tanto del conservador como del alcaide del Real Alcázar, Antonio Balón y Antonio Rodríguez Galindo, respectivamente, quienes, incluso, se plantean la posibilidad de ampliar unas excavaciones a las que aún le quedan dos meses y en la que se han invertido 350.000 euros.

Sobre el lecho de cenizas de la cocina, aparecido en la banda más septentrional de la lámina de albero del Patio de Banderas a cinco metros de profundidad (cota 7,5 metros sobre el nivel del mar), se han encontrado numerosos trozos de grandes dimensiones de platos cerámicos de retícula bruñida, la más común en el periodo. "Aunque por estas fechas ya se está iniciando el contacto entre los pueblos indígenas y los comerciantes fenicios, la cerámica es marcadamente local, aún sin influencias orientalizantes. Todavía queda un siglo para que se forme lo que conocemos como Tartessos", afirma un también eufórico Tabales. Durante el siglo VIII a. C. Sevilla todavía está a las orillas del mar y esta cocina "tuvo que ser comunal, rodeada de cabañas de planta circular. Los restos nos indican que en ella se guisó y comió", continúa el director de las excavaciones.

Pese a ser un descubrimiento menos mediático, los arqueólogos también están más que satisfechos con los restos de un inmueble romano del siglo I. a. C, a finales de la era republicana. "Se habían encontrado algunos vestigios pero no de esta importancia. En Sevilla, todo lo que sea anterior al siglo II es importante", dijo Tabales. Se trata de unos muros de "gran potencia" que llegan en algunos tramos a alcanzar los tres metros de altura y que están realizados con la técnica opus africanus, una forma constructiva muy antigua que se abandonó posteriormente y que como característica más llamativa destaca la utilización de grandes sillares en disposición vertical. "Esta técnica fue copiada del mundo púnico", asegura Tabales, quien también indica que, probablemente, el edificio descubierto podría servir de almacenes para la actividad del puerto de Sevilla.

Las excavaciones también han detectado una intervención sobre el inmueble republicano ya en el siglo I de nuestra era. "Esta transformación a base de paredes de ladrillos reutiliza algunos muros previos a modo de cimientos pero anula otros" y, en general, se observa que se le dio al inmueble mayor prestancia, como indican los restos de estuco, mármoles y teselas procedentes de mosaicos dispuestos en su interior.

Finalmente, según desvela la excavación, a inicios del siglo IV los almacenes fueron destruidos para sustituirlos por otras construcciones que estarían relacionadas con el supuesto baptisterio paleocristiano excavado por Manuel Bendala en los años 70 y que, según parece, estaría relacionado con la basílica de San Vicente Mártir, uno de los primeros templos cristianos de la ciudad junto a los de Santa Jerusalén y Santas Justas y Rufina. Precisamente, la posible aparición de esta basílica era uno de los principales atractivos de las excavaciones iniciadas el pasado 16 de febrero. Aunque todavía no se puede concluir nada al respecto, Tabales se muestra "cada vez más convencido de que el templo se encuentra aquí", por los indicios que van apareciendo. Eso sí, Tabales pide cautela, "hay especialistas que ponen en cuestión los hallazgos de Bendala. Hasta que no aparezcan enterramientos propios de un templo cristiano no se puede asegurar nada".

Casi novelesca es la destrucción de este posible templo por los Vándalos en 426 y la aparición de un tesorillo de 30 monedas con un crismón del obispo Marciano que alguien intentó ocultar del saqueo de los bárbaros y que, "evidentemente, nunca volvió a por él", asevera el arqueólogo. Se constata sobre este inmueble otro edificio, probablemente visigodo, que pudo servir de templo y que estaría vinculado al baptisterio paleocristiano, una teoría todavía en estudio.

El resto de los hallazgos son de época árabe, con la construcción en el siglo XI de un arrabal que supondría la destrucción del templo cristiano y que fue mejorado en el siglo XII con un sistema de alcantarillado. La zona fue abandonada probablemente tras la conquista castellana, momento en el que se comienzan a detectar explanaciones del terreno que culminarían con la construcción del apeadero del Alcázar por Vermondo Resta a inicios del XVII.

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