16 jul. 2007 ~ ~ Etiquetas: ,

Un dolmen ahogado entre edificios

Los vecinos de la localidad sevillana de Castilleja de Guzmán se movilizan contra la construcción de un supermercado y un geriátrico en el entorno de un yacimiento arqueológico
El País. 16/07/2007. María Morgado

Dicen que en Castilleja de Guzmán (Sevilla) cuando se ha dado una patada a una piedra se han encontrado restos óseos milenarios, puntas de flecha y hasta un colmillo de elefante. Los vecinos de la localidad observan día y noche las excavadoras que trabajan sobre el dolmen de Montelirio. Y algunos de ellos se llevan las manos a la cabeza. Quieren preservar este monumento funerario de 4.000 años de antigüedad, donde aseguran que se han hallado desde un diente de marfil a cuencas de ámbar.

El Ayuntamiento de la localidad -en la que viven 2.512 habitantes- ha aprobado la construcción, entre otros, de un supermercado y un geriátrico en las cercanías del dolmen, a lo que se oponen los vecinos. Para ello, se ha conformado una mesa ciudadana integrada por 11 colectivos de ecologistas y asociaciones de localidades aledañas. Aseguran que el dolmen "no es sólo lo que se ve", y que el túmulo, el conjunto, será dañado. El entorno arqueológico y paisajístico "está en peligro", asegura José Ignacio Artillo, uno de los activistas, "y el dolmen va a quedar ahogado entre las nuevas construcciones".

El economista Eduardo Apellániz, de Valencina en Acción, habla de "sospechosas irregularidades administrativas en la reducción del entorno de protección del dolmen", unos márgenes que se establecieron cuando el conjunto fue catalogado bien de interés cultural por la Junta de Andalucía en 2003. Según la mesa ciudadana, esta reducción es la que permite el desarrollo urbanístico sobre el túmulo y el yacimiento que ha planeado el Consistorio en el PGOU de la localidad.

"El dolmen está perfectamente", asegura Bernardo Bueno, delegado provincial de la Consejería de Cultura. Aunque, "si los espacios laterales estuvieran vacíos, estaría mejor". Bueno se refiere a una carretera que discurre por uno de los lados, y probablemente a las viviendas que se alzan en el otro. Pero el delegado no entiende la polémica que se está generando. Bueno asegura que las coordenadas que se barajan coinciden con las establecidas a la protección del dolmen, que se están poniendo "cautelas arqueológicas" y que "si ahí hay algo, no se construirá".

Desde enero se están realizando excavaciones para determinar la riqueza del lugar. Consiste en "poner en valor el dolmen", es decir, determinar qué hay bajo la tierra antes de elaborar un informe favorable o desfavorable a la Junta, la encargada de dar el visto bueno a los planes aprobados "inicialmente" en el PGOU. Además, Cultura explicó que el Ayuntamiento está prospectando todo el término municipal para completar la información que ya tiene.

"Sería extremo y negativo para el pueblo decir que aquí no se construye nada", matiza Bueno, "por eso, en teoría se puede construir, pero si se descubre algo, no se puede. Lo primero que pedimos al dar la autorización es un proyecto arqueológico y es previsible que en una zona como ésta haya restos". A pesar de estas "cautelas", las discrepancias continúan porque, según Artillo, los informes sobre si los restos son valiosos o no "los harán arqueólogos contratados por quienes quieren construir".

Las excavaciones quieren determinar si merece la pena conservar el dolmen o si, por el contrario, está muy destruido. Y el dolmen de Montelirio "es un monumento megalítico espectacular". Álvaro Fernández Flores, el director de la excavación, no oculta los tesoros bajo el montículo de tierra. "Está en un estado de conservación excepcional y no ha sido expoliado".

El dolmen está protegido, sólo falta que se decida si el entorno, donde hay "pequeñas tumbas", albergará el supermercado o no. Al arqueólogo, como a los vecinos, le gustaría que se respetase el conjunto para "que no se rompa la comprensión del túmulo". Ahora, "es la Consejería de Cultura quien tiene la potestad de protegerlo", dice.

Enterramientos milenarios

Los vecinos están convencidos de que el dolmen de Montelirio tiene que protegerse íntegramente. El monumento funerario forma parte del poblado y la necrópolis de Valencina de la Concepción (Sevilla), donde quedan los vestigios de quienes se asentaron en el terreno allá por el tercer milenio antes de Cristo.Estos yacimientos megalíticos son de los más importantes de Europa y se han descubierto tarde, a golpe de excavadora. "Cada vez que se excava por aquí, se encuentra algo", dicen los vecinos. Quienes removían la tierra para plantar sus viñedos se sorprendían ante la riqueza que hallaban del periodo de la edad de bronce. El dolmen de Montelirio, destapado en 1998, se unía a los hallados a finales del siglo XIX: La Pastora, Matarrubilla y Ontiveros."Todos se han descubierto de antiguo", explica Leonardo García Sanjuán, profesor de Prehistoria de la Universidad de Sevilla y especialista en megalitismo, quien explica que se trata de monumentos excepcionales, "la primera arquitectura monumental que hace el hombre". García Sanjuán alerta de los proyectos de urbanización del lugar ya que "se encajona brutalmente el dolmen por tres de sus cuatro partes".La delegación sevillana de la Consejería de Cultura juzgó en el mismo 1998 que no se daban las características para el estudio del dolmen de Montelirio. Y lo volvió a tapar. "Ahora, de pronto, casi 10 años después, todo es una urgencia, son consecuencias de un desarrollo urbanístico exacerbado", clama Leonardo García Sanjuán, que pide que no se rompa la relación paisajística con los otros dólmenes y que se amplíe el perímetro protegido del monumento para que, en suma, se actúe de forma "congruente" con los esfuerzos que hace la delegación por proteger otros monumentos megalíticos. "Estamos preocupados porque dista de lo que es deseable hacer; tiene que desarrollarse, sin prisas, un proyecto de investigación".Montelirio lo merece, según los arqueólogos. Álvaro Fernández Flores, que dirige los trabajos de excavación, resalta, como García Sanjuán, las pinturas del habitáculo, las paredes pintadas de rojo y el mismo pigmento sobre los cuerpos encontrados. "Con la técnica de hoy en día, vamos a poder explicar cómo vivían, de qué murieron y hasta qué portaban las bandejas que hemos encontrado", dice Fernández Flores.

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