3 ene. 2009 ~ ~ Etiquetas:

Prehistorias ciudadanas


Leonardo García Sanjuán
Profesor titular de Prehistoria de la Universidad de Sevilla
El Correo de Andalucía. 03/01/2009

Durante los últimos dos años, los medios de comunicación sevillanos han publicado bastante información relativa al excepcional yacimiento prehistórico de Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán. Se trata de un gran poblado que, por lo que sabemos, se fundó hace aproximadamente 5.000 años. Los elementos más visibles que ratifican su excepcionalidad son las magnas construcciones megalíticas que sus habitantes erigieron, de entre las cuales al menos tres, La Pastora, Matarrubilla y Montelirio, se cuentan entre los más destacados monumentos prehistóricos de nuestro país y, por extensión, del continente europeo. Además del valor científico que este sitio tiene para conocer la Prehistoria andaluza, hay que señalar que representa la primera ocupación humana de lo que actualmente es Sevilla. Las excavaciones realizadas hace unos años en el Parque de Miraflores revelaron evidencias de asentamiento que son coetáneas al poblado de Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán, demostrando así que, a ambos lados de lo que entonces era el estuario del Guadalquivir y hoy es la ciudad de Sevilla, existió en esa época una intensa actividad humana. Por decirlo de otra forma, el sitio prehistórico de Valencina-Castilleja de Guzmán representa el legado material de los fundadores de Seilla.

Para su desgracia, este gran sitio arqueológico se encuentra en uno de los sectores del área metropolitana que mayor y más rápido crecimiento urbanístico ha experimentado en los dos últimos decenios: el Aljarafe norte. Las constantes actuaciones urbanísticas llevadas a cabo en los dos municipios que el yacimiento abarca, aunque muy especialmente en el de Castilleja de Guzmán, han provocado que numerosos restos arqueológicos hayan podido ser sólo parcialmente documentados (mediante intervenciones de urgencia que normalmente tiene un carácter expeditivo) antes de su destrucción. Hasta aquí, la historia de este sitio prehistórico es simplemente una más de las muchas crónicas funestas que el modelo de urbanismo desarrollista ha producido en la riqueza medioambiental y cultural de nuestro país.

En los dos últimos años, sin embargo, se ha producido un fenómeno notable: una movilización ciudadana sin precedentes se ha puesto en marcha para defender la integridad del sitio arqueológico, especialmente los megalitos, frente a las agresiones urbanísticas que los han amenazado muy seriamente, dentro del contexto de una propuesta de desarrollo urbanístico sostenible. De entre las muchas asociaciones ciudadanas que lo han protagonizado es posible destacar a Aljarafe Habitable, el Grupo Arqueológico Mataherrera, la Asociación de Amigos del Patrimonio Arqueológico Los Dólmenes, la Plataforma Ciudadana Forestier de Castilleja de Guzmán, la Asociación para la Defensa del Territorio del Aljarafe (ADTA), la Ben Baso, Ecologistas en Acción, Ciudadanos de Espartinas, Guzmán Habitable o Valencina Habitable. Estas entidades están integradas por personas que, sólo movidas por el afán de preservar los valores patrimoniales de su entorno, han sustraído en los último dos años cientos de horas a sus familias y a su tiempo libre para oponerse de forma activa a actuaciones propuestas como la carretera A-8077, que cortaba literalmente en dos la necrópolis megalítica, o, más recientemente, a las brutales obras proyectadas al pie del túmulo de Montelirio, que no sólo condenaban a este magnífico monumento a quedar encerrado en un sarcófago de hormigón -dejándolo convertido en una cosificada caricatura de sí mismo- sino que arrasaban una miríada de construcciones funerarias menores que le circundan.

En su defensa del patrimonio, estas asociaciones han generado una movilización ciudadana sin precedentes en Andalucía, llevando sus reclamaciones a múltiples instancias administrativas de la Junta de Andalucía, al Defensor del Pueblo y a la Fiscalía de Medio Ambiente, recabando el apoyo del Ayuntamiento de Valencina y de numerosos profesores y especialistas de la Universidad, y logrando una sostenida presencia en los medios de comunicación locales e incluso nacionales.

De todo este proceso cabe destacar dos aspectos, ambos de singular importancia. El primero es el nacimiento de una potente concienciación ciudadana sobre la necesidad de defender activamente el patrimonio cultural, una concienciación análoga a la que ya existe desde hace bastante tiempo a la que existe desde hace bastante tiempo en relación con el patrimonio natural. El segundo es que, además, esta movilización ciudadana ha encontrado eco en la administración pública, ya que en los dos casos concretos citados, tanto la Consejería de Obras Públicas y Transportes como la Consejería de Cultura reaccionaron con sensatez y responsabilidad, escuchando las demandas de asociaciones y expertos, y paralizando las actuaciones previstas.

A todo su significado científico, el sitio arqueológico de Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán añade ahora un valor más, quizás el que más importancia tenga para su futura preservación: el deseo de la ciudadanía de disfrutar su existencia en condiciones de respeto, integridad y autenticidad.

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