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Las obras de la Autovía del Olivar ayudan a entender el pasado de Jaén

Diario Jaén. 29/09/2009. José Rodríguez Cámara

En el paraje mancharrealeño de la Venta del Rapa pronto se levantará un puente sobre la Autovía del Olivar. Aunque la estructura será llamativa, lo más destacado del paraje estará oculto. Se trata de un poblado de la Edad del Cobre, con unos cuatro mil años, descubierto durante las obras.

La Mancha Real de hace entre cuatro mil y tres mil quinientos años atrás tenía un “barrio” en lo que, actualmente, se conoce como la Venta del Rapa. Allí vivían unos dos mil vecinos. En el poblado, había casas y espacios comunes. Con una empalizada, se protegían de ataques de animales y de clanes rivales. Las pruebas de que este pueblo existió salieron a la luz gracias a las obras de ejecución de uno de los principales proyectos que impulsa el Gobierno andaluz, la Autovía del Olivar. En esta villa, los primitivos mancharrealeños de la Edad del Cobre se dedicaban a la agricultura y la caza, como demuestran las hachas que habían elaborado. Es más que probable que estos hombres del Calcolítico tuvieran trato con los habitantes de la gran ciudad de por entonces, lo que ahora se conoce como Marroquíes Bajos, en Jaén capital, un área que abarca desde el barrio de Las Lagunillas (llamado así por ser un terreno pantanoso) hasta la zona de Expansión Norte. Lo dice el encargado del estudio de los restos hallados en este punto de la futura carretera, Francisco Gómez Cabeza, del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica, la institución a la que la Consejería de Obras Públicas encargó las prospecciones en todo el trazado.

El experto confirma que los vestigios hallados son importantes, ya que dejan claro que existían asentamientos como el de Marroquíes Bajos. Una de las hipótesis más plausibles por el momento es que la población de la Venta del Rapa y la de la capital coexistieran un tiempo aunque, finalmente, los residentes en la antigua Mancha Real se mudaron a Jaén. Cabe otra posibilidad, que no descarta la anterior, y es que el paraje fuera ocupado en verano, para el cultivo, y en invierno fuera abandonado por sus moradores, que se trasladaban a Sierra Morena. Allí buscaban animales a los que atrapar y devorar. Y es que los viajes entre núcleos distantes y el comercio no eran extraños en los albores de la Humanidad. De no ser así, como dice el investigador, no se explicaría por qué en la Venta del Rapa se han encontrado conchas —que servían como joyas o baldosas—, llegadas de la costa, o una piedra volcánica llegada del Mediterráneo, que, después de ser tallada, se empleaba como molino. El arqueólogo precisa que otra de las claves de esta excavación, que la hace muy original y la vincula con los yacimientos de la cultura de Los Millares de Almería, es la localización de cerámica y de materiales como la almagra, con la que pintaban las piezas que elaboraban. Los restos encontrados, como los de un horno, incluso, aportan información sobre la técnica para crear los colores. Los alfareros de aquella distante época lograban tonos más claros o más oscuros dependiendo del oxígeno que entraba en el horno donde se cocía el objeto.

Bajo tierra. En la Venta del Rapa hay enterramientos, más de una docena, en los que, tal y como consideran en el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica, se observa un ritual. Además de que los cadáveres no eran arrojados de cualquier manera a los nichos, en las tumbas hay huesos de animales. De esta forma, los dolientes realizaban una ofrenda al difunto. De lo hallado por los dos arqueólogos y los cinco peones destinados a este yacimiento, no todo podrá ser visible por los amantes de la Historia. Sólo saldrán de la Venta del Rapa para catalogarlos, estudiarlos y ponerlos bajo custodia, los restos más valiosos. El poblado, del que sólo se ha podido ver una pequeña parte, quedará sepultado, bajo una malla geotextil, al lado de un puente. De esta forma, según aclara el delegado de Obras Públicas, Rafael Valdivielso, no sufrirá daño alguno y será posible una nueva excavación.

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