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País Vasco: Algunos de los secretos que esconde Jaizkibel


Cromlech. El arqueólogo Luis del Barrio observa una de las estructuras, de carácter funerario, que data de la edad del hierro.
En este monte podemos encontrar un importante conjunto megalítico desconocido por muchos. Está formado por varios dólmenes y cromlechs que pertenecen a las edades del bronce y del hierro.
25/08/2012. Diario Vasco.

Para muchos, entre los que se incluye un servidor, es una referencia natural. Pero la realidad es que el monte Jaizkibel tiene muchos más atractivos que pasan desapercibidos. Más allá de ser un espacio protegido, en sus laderas se esconden numerosos restos de otras épocas que demuestran el paso del hombre por esta zona. Poco a poco, con el trabajo de entidades culturales, se empiezan a poner en valor, como es el caso de los megalitos que se concentran, sobre todo, en la cresta del monte.

En Jaizkibel se ha conocido la existencia de seis dólmenes y ocho cromlechs pirenaicos que testimonian la presencia humana y el aprovechamiento de los recursos naturales de la montaña a lo largo de la Edad del Bronce y del Hierro. No obstante, el dólmen de Santa Bárbara y uno de los conjuntos que agrupaba dos cromlechs fueron destruidos por las obras del antiguo parador de Jaizkibel.

Luis del Barrio, de la empresa de servicios culturales Lurrailan, comenta que «los primeros megalitos se empezaron a localizar en esta zona a mediados de los años 30, aunque desgraciadamente hasta hace poco no se ha tenido conciencia del verdadero valor que tenían, de ahí que obras se hayan destruido algunos». Todas estas estructuras funerarias fueron levantadas por los asentamientos humanos que poblaron la zona de Jaizkibel entre el 5.000 a. de C. y el inicio de nuestra era.

Este patrimonio sirve para evidenciar diferencias culturas y cómo «cambia el rito de la muerte». El arqueólogo explica que los dólmenes son una especie de panteones con una cámara de traza rectangular recubierta por un conjunto de piedras. Su función era la de un sepulcro colectivo y en su interior se inhumaban los cadáveres. Sin embargo, los cromlechs son círculos de piedras «que hacen las veces de tumbas de incineración. En el centro guardan una porción del cenizal resultante de la cremación, bien contenidos en un pequeño recipiente cerámico o depositado directamente en un agujero».

Del Barrio no duda en señalar que «Jaizkibel es un gran desconocido». Apunta a que hay yacimientos arqueológicos en este monte que «se remontan a más de 50.000 años de antigüedad. El hombre ha estado aprovechando los recursos que ofrece desde esa época hasta el presente y es un lugar en el que con un poco de atención se pueden hallar vestigios, aunque de esa época sólo disponemos de piezas sueltas que se localizan, sobre todo, en la ladera que da al mar y en los abrigos rocosos».

Descubrimientos

Los megalitos que se encuentran en el término municipal de Hondarribia no son estructuras de grandes dimensiones. El arqueólogo lamenta que esta circunstancia hace que «al no ser muy llamativas, corren el riesgo de pasar desapercibidas y destruirse, en algunos casos por desconocimiento». Prueba de ello es que los restos que se hayan en Jaizkibel, en su mayoría no alcanzan el medio metro de altura.

Reconoce que «no es nada raro, si se anda con un poco de atención, el encontrar nuevos megalitos. Están por muchos sitios pero hay que tener la suerte de localizarlos». El último hallado en Jaizkibel fue hace meses. «Casi todos están en la cresta, pero este último se encontró a 50 metros de la carretera. Es un dolmen que conserva la cámara mortuoria y es milagroso que no se haya destruido porque cerca hay aprovechamientos de piedras y podían haber sido utilizadas por los canteros para hacer sillares».

La empresa Lurrailan realiza, entre otras funciones, prospecciones en la geografía guipuzcoana con el fin de hallar nuevos restos megalíticos. Al margen de estas salidas de campo, del Barrio subraya la importancia de la colaboración de la ciudadanía a la hora de poder encontrar este tipo de estructuras. «Atendemos los avisos de excursionistas, montañeros, incluso arqueólogos que han localizado o han creído encontrar un megalito. Luego acudimos al lugar y certificamos si lo es para poder dar cuenta al Gobierno Vasco para que los proteja cuantos antes», detalla.

Precisamente, le gustaría que la gente fuera con otra mentalidad cuando acude al monte «para poder apreciar todos los restos que ha dejado la huella humana durante tantos años». De hecho, confiesa que le desanima «ver a personas que suben mirando el reloj, que tienen prisa y van a piñón. Se pierden la oportunidad de observar muchas cosas, además de la flora de este entorno».

El arqueólogo pide también la colaboración del Ayuntamiento para que ese patrimonio «se pueda mantener a la vista porque muchas veces se cubre de manera natural de hierbas, zarzas, helechos y no puede ser apreciado. Tenemos que dedicarnos también a intentar impulsar que se conozca este patrimonio, que se hagan trabajos de limpieza donde corresponda para que se puede poner en valor».

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