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El Carambolo: de tesoro tartésico a vertedero

El gran yacimiento de Sevilla es un estercolero abandonado bajo el que se oculta un templo fenicio recubierto de hormigón.
12/01/2020. El País.

El decreto de la Junta de Andalucía 80/2016 de declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), la máxima protección para un monumento o descubrimiento del pasado, es claro en su exposición: “El yacimiento arqueológico de El Carambolo contiene los vestigios materiales de una de las primeras localizaciones protohistóricas excavadas en el Bajo Guadalquivir, y su mera existencia supone un hito y una referencia en el conocimiento de los períodos del Bronce Final y de la Edad del Hierro”.

La realidad, sin embargo, muestra algo muy diferente: el cerro donde en 1958 se descubrió el famoso tesoro tartésico-fenicio y bajo cuyos terrenos se ocultan restos de cuatro ocupaciones históricas, del Calcolítico (unos 4.000 años) a la Protohistoria (entre los siglos XII y VII antes de Cristo), es en la actualidad un vertedero, que acumula basuras de todo tipo, escombros, aguas estancadas y olores pestilentes. Enmarcando el asunto subyace, además, una disputa urbanística. “Llevamos años denunciando por diversos medios la dejadez”, explica Álvaro Fernández Flores, el director de los últimos trabajos de excavación realizados en el cerro. “Solo se ha cubierto de hormigón la parte central del santuario, mientras que el resto ha quedado al aire, acumulando basura y degradándose por la vegetación y los agentes atmosféricos”, critica el arqueólogo.

Ni la empresa propietaria del terreno ni el Ayuntamiento de Camas (Sevilla), donde se ubica, han accedido a pronunciarse sobre el asunto. Por su parte, la Junta de Andalucía, responsable de su protección, respondió: “No hay prevista ninguna actuación”.

El Carambolo es un cerro protegido de 29.450 metros cuadrados. Se alza a las afueras de Camas, a pocos kilómetros de Sevilla. Las construcciones urbanas no le han afectado, aunque existió un proyecto para levantar un hotel tras una recalificación urbanística. En 2000, el Ayuntamiento de Camas convirtió en suelo de uso terciario el cerro, que hasta entonces estaba calificado como “paisaje sobresaliente”.

En la actualidad se accede al lugar a través de una destartalada puerta metálica. La parcela no está protegida por ningún elemento disuasorio. En 2006 concluyeron las excavaciones arqueológicas, que confirmaron la existencia de importantes edificaciones de la Protohistoria, incluido un gran templo fenicio.

La declaración de BIC realizada una década después no ha servido para poner en marcha medidas de conservación ni de interpretación arqueológica para posibles visitantes. El catedrático de Prehistoria de la Universidad de Sevilla Leonardo García Sanjuán se queja de que no se pongan en valor tres grandes y cercanos sitios del Aljarafe sevillano: El Carambolo, Valencina (Calcolítico) e Itálica (romano). “Es un paisaje arqueológico excepcional que podría alcanzar el rango de patrimonio mundial”, indica.

En 1958, mientras se terminaba un pabellón de tiro, unos obreros hallaron un espectacular tesoro compuesto por un conjunto de 21 piezas de oro. Nunca se había encontrado nada igual de este periodo de la historia. Todo estaba oculto en un centro ceremonial y lugar de referencia para la navegación por el Guadalquivir. El Carambolo era el principal santuario fenicio que ocupaba la desaparecida ensenada del Guadalquivir, una lengua de agua que se adentraba 70 kilómetros desde el Atlántico. Las edificaciones tartésico-fenicias ocupaban unos 4.500 metros cuadrados.

El santuario estaba compuesto por un núcleo de edificaciones precedidas por un atrio, rodeadas por un talud y un foso defensivo. “Se trata, por tanto, de un santuario que ocuparía no sólo la cima sino toda la corona y las laderas suroeste y noroeste del cerro”, señala el decreto de protección. Los terrenos fueron comprados por la inmobiliaria Gabriel Rojas, que proyectó un hotel de 150 habitaciones sobre el yacimiento, tras la recalificación del terreno. Antes de construir, realizó las preceptivas excavaciones arqueológicas.

Álvaro Fernández Flores dirigió aquellos trabajos, que documentaron hasta cinco fases históricas. Los restos de mayor valor correspondían a un enterramiento infantil y fosas o silos del Calcolítico, cerámicas de la Edad del Bronce y edificios fechados en la Protohistoria para actividades religiosas fenicias, donde destacaban uno de carácter monumental, exvotos de terracota o un altar en forma de piel de toro. Las fases restantes corresponden a una trinchera de la Guerra de la Independencia y a un edificio deportivo, el Tiro de Pichón, de los años 50 del siglo XX. Los hallazgos más pequeños y frágiles fueron trasladados al Museo Arqueológico de Sevilla. Los edificios exhumados se protegieron con una capa de hormigón.

Tras acabar la excavación, la inmobiliaria litigó con la Junta porque en 2009 resolvió no autorizar el hotel. Por esta decisión, el Gobierno andaluz fue condenado en 2016 por el Tribunal Supremo a pagar 1,5 millones de indemnización a la inmobiliaria. Un año antes, en 2015, el arqueólogo Ignacio Rodríguez Temiño publicó un artículo en la revista Patrimonio Cultural y Derecho donde denunciaba que “la maquinaria urbanística municipal activada para facilitar la ubicación de la instalación hotelera ha convertido la preexistencia de unos vestigios arqueológicos notables en un problema”.

TRES KILOS DE ORO CON 2.700 AÑOS
Está documentado que el 30 de septiembre de 1958, Alonso Hinojos del Pino hundió con fuerza el azadón en la tierra y así apareció ante él un brazalete de oro de 24 quilates. El albañil formaba parte de la cuadrilla que estaba trabajando en unas instalaciones de la Sociedad Sevillana de Tiro de Pichón a las afueras de Camas.

Dio el aviso y todos sus compañeros comenzaron a excavar hasta que el tesoro apareció completo: 21 piezas, que pesaban 2.950 gramos. La riqueza del conjunto les hizo pensar que aquello no podría ser de oro. Así que se lo repartieron y se lo llevaron. Sin embargo, pronto comenzaron las dudas y devolvieron unas alhajas de más de 2.700 años.

El tesoro fue trasladado al Museo Arqueológico de Sevilla, pero su incalculable valor hizo que pronto se encargara una copia a la orfebrería hispalense Marmolejo, que es la que ahora se puede ver. Las piezas originales solo han sido expuestas en cinco ocasiones. Las dos últimas: en 2009, con motivo del 50º aniversario de su descubrimiento, y en 2012. Permanece custodiado en la caja fuerte de un banco.

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