19 may 2024 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas:

Huelva recuperará su joya más emblemática: el Carro Tartésico del Siglo VII a de C.

La Fundación Atlantic Copper y ArqueoHuelva reconstruirán el mítico vehículo de gran complejidad y belleza, datado en el siglo VII a.C. Fue recuperado de la Tumba 17 de la necrópolis onubense y es una de las referencias prerromanas más importantes de la Península Ibérica.

18/05/2024. Diario de Huelva

El carro tartésico descubierto en la necrópolis de La Joya (Huelva) durante la campaña de excavaciones dirigida por Juan Pedro Garrido Roiz en 1971 será reconstruido gracias al acuerdo suscrito entre la Fundación Atlantic Copper y la asociación cultural Arqueo Huelva.

Se trata de una de las referencias prerromanas más importantes de la Península Ibérica: un vehículo de gran complejidad y belleza, datado en el siglo VII a.C., que formaba parte del ajuar de una persona de alto rango de la sociedad tartésica.

El carro está realizado en madera y bronce, y presenta una rica decoración con motivos geométricos y figurativos.

Según el acuerdo alcanzado entre ambas entidades, en la recuperación de esta joya tartésica, que concluirá a finales de año, trabajará un equipo de expertos formado por un arqueólogo, un artesano en metalurgia, un artesano en cuero y cestería y un ingeniero industrial con el objetivo de recrear la pieza con la mayor fidelidad posible, utilizando técnicas tradicionales y modernas.

Todo el contenido histórico y arqueológico del proyecto de recreación del carro tartésico ha sido supervisado y aprobado por la Delegación Territorial de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía y por el Museo de Huelva.

Esta actuación forma parte de las acciones contempladas por la Fundación Atlantic Copper con motivo de su 15 aniversario.

“Este proyecto de reconstrucción del carro tartésico de La Joya no solo representa un hito en la arqueología andaluza, sino que también se erige como una ventana única para comprender en profundidad la cultura tartésica, una civilización que floreció en la Península Ibérica durante la Edad del Bronce Final”, ha comentado Antonio de la Vega, director general de la Fundación Atlantic Copper. “Agradecemos el apoyo de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía para el éxito del proyecto”.

“Para Arqueo Huelva la reconstrucción del carro tartésico de La Joya es un sueño que se ha materializado gracias a la Fundación Atlantic Copper, ya que se trata de un paso importante para el conocimiento de la cultura tartésica, una de las civilizaciones más importantes de la Península Ibérica durante la Edad del Bronce Final. El estudio del carro y de su ajuar permitirá a los investigadores y al público general conocer mejor los aspectos sociales, económicos, religiosos y culturales de la sociedad tartésica”, ha declarado Jorge Cotallo, presidente de la asociación cultural Arqueo Huelva.

Sobre la Fundación Atlantic Copper

La Fundación Atlantic Copper es una entidad sin ánimo de lucro, puesta en marcha en 2009 para dar continuidad, desarrollar y gestionar la acción social de la empresa fundadora. La entidad, que celebra en 2024 su XV aniversario, ha destinado más de seis millones de euros hasta el ejercicio 2023, desarrollando acuerdos estratégicos con más de 45 entidades y beneficiando directa o indirectamente a más de 70.000 personas.

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12 may 2024 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas:

Atribuyen a la población calcolítica de Valencina la mayor exposición al mercurio nunca registrada hasta ahora


Derivaría de la "manipulación" del cinabrio para usarlo como ornamento, su "consumo" ritual y factores medioambientales. 

12/05/2024. La Razón

Una investigación sobre el uso del cinabrio y la consecuente exposición al mercurio por parte de la población del gran asentamiento de la Edad del Cobre que yace bajo los actuales términos municipales de Valencina de la Concepción y Castilleja de Guzmán, en la provincia de Sevilla, refleja unos "generalizados y excepcionalmente altos valores" de este "letal" elemento químico; hasta el punto de que la población calcolítica de Valencina representaría "el más intenso y prolongado caso de exposición al mercurio hasta ahora nunca registrado en la historia humana".

Este trabajo en cuestión está firmado por los investigadores del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla Leonardo García Sanjuán, Raquel Montero Artús y Miriam Luciañez-Triviño; así como por el miembro del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) José Antonio Lozano Rodríguez y por Steven D. Emslie, del departamento de Biología y Biología Marina de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos).

Titulada "Bello, mágico, letal: una perspectiva social del uso del cinabrio y la exposición al mercurio en el mega enclave de la Edad del Cobre de Valencina (España)", esta investigación explica que el mercurio y sus compuestos han sido "altamente apreciados y usados desde tiempos remotos en todo el mundo para muy diversos propósitos", como la decoración, la medicina, la metalurgia o fines simbólicos.

Particularmente, el cinabrio, un mineral de "un intenso color rojo" compuesto por sulfuro de mercurio, ha sido "considerado como un material exótico en muchas culturas, altamente valorado y asociado a las élites y las prácticas sagradas", según exponen estos autores en este estudio recogido por Europa Press.

Precisamente por eso, se trata de un mineral "documentado en numerosos contextos funerarios" de la Península Ibérica datados entre el cuarto y el tercer milenio antes de nuestra era (a.n.e.), o sea correspondientes al Neolítico Tardío o a la Edad del Cobre; siendo este material "esparcido sobre los suelos, cuerpos o efectos mortuorios de las tumbas o usado como pigmento" en los monumentos megalíticos.

Al punto, los autores de este trabajo avisan de que actualmente, "el mercurio es ampliamente considerado como un metal tóxico" e incluso la Organización Mundial para la Salud (OMS) lo ha catalogado como una de las diez sustancias químicas más peligrosas para la salud pública. Durante el último siglo, según detallan, los avances científicos han conducido a un "extraordinariamente mejorado conocimiento y conciencia de sus peligros para la salud humana".

TODAS LAS MUESTRAS

En este marco, este estudio abarca 170 muestras óseas de un total de 70 individuos humanos y 22 animales, así como una muestra de suelo; en todos los casos pertenecientes al gran asentamiento calcolítico que yace en Valencina de la Concepción y Castilleja de Guzmán, para esclarecer la exposición al mercurio de la población de dicho mega enclave de la Edad del Cobre.

Junto con un estudio similar de 143 muestras de 76 sujetos de la necrópolis de La Lanzada, en Pontevedra, se trata así de la mayor investigación sobre la exposición al mercurio basada en huesos humanos acometida con relación a un único sitio arqueológico, según los autores de este trabajo.

Los mismos destacan que las muestras abarcan a 23 de los 26 individuos inhumados en el 'tholos' calcolítico de Montelirio, enclavado en Castilleja de Guzmán, hallado en 1998 y caracterizado por un corredor de unos 39 metros de longitud; y también a la "Señora del Marfil", una mujer de entre 17 y 25 años de edad cuyos restos fueron localizados en una estructura funeraria próxima al citado megalito; junto a un rico ajuar en el que destacaban un colmillo de elefante africano, un gran plato de cerámica en el que se encontraron residuos de cannabis y vino; 21 láminas de sílex, dos dagas, una de también de sílex, decorada con un pomo de ámbar que remataba la empuñadura, y otra con hoja de cristal de roca y empuñadura de marfil.

MUESTRA DE "LAS MÁS ALTAS POSICIONES SOCIALES"

En ambos casos, se trata de una "representación de las más altas posiciones sociales alcanzadas por individuos y grupos de élite en la Edad del Cobre Ibérica", además de que también tanto en el 'tholos' de Montelirio como en la tumba de la "Señora del Marfil", el cinabrio "fue usado de manera extensiva", esparcido sobre los cuerpos y ajuares funerarios de ambos sepulcros. En el caso del citado gran monumento megalítico, también fue utilizado para pintar las losas de pizarra que delimitan el corredor y las cámaras.

Tras los correspondientes análisis, esta investigación destaca los "generalizados y excepcionalmente altos valores de mercurio" detectados en los huesos humanos y animales e incluso en la muestra de suelo disponible del asentamiento calcolítico de Valencina.

Es más, se trata de "los mayores valores de mercurio" descubiertos hasta la fecha en huesos humanos del periodo calcolítico en toda la Península Ibérica, con concentraciones superiores en algunos casos a 400 partes por millón (ppm) de mercurio en muestras correspondientes a Montelirio y la estructura numerada como 10.074, localizada en la zona aledaña a dicho dolmen; así como numerosos perfiles por encima de la barrera de los 100 ppm. En el caso de la célebre "Señora del Marfil", sus muestras habrían arrojado una concentración de 185,5 ppm.

EXCLUSIVO DE LA EDAD DEL COBRE

"Notablemente, casi el 65 por ciento de todos los individuos de Valencina presentaban concentraciones totales de mercurio superiores a una parte por millón de dicho elemento químico, mientras el sujeto con los niveles más bajos presentaba sólo 0,19 ppm", resumen estos investigadores, subrayando que tal extremo "parece ser un fenómeno estrictamente de la Edad del Cobre"; dado que las muestras de individuos de época romana también incluidos en este estudio por su localización en esta misma zona arrojaron una concentración de 0,32 ppm de mercurio por gramo de hueso humano.

"Entre los enclaves del Neolítico Tardío y las edades del Cobre y el Bronce muestreados hasta el momento en la Península Ibérica, Valencina registra los mayores valores en contaminación por mercurio. Una comparación con los registros disponibles fuera de la Península Ibérica confirma que los valores observados en Valencina son anormalmente altos", insisten estos investigadores.

Para explicar las causas de estos resultados, este trabajo profundiza en "tres líneas de interpretación", como son la exposición al cinabrio como consecuencia de su "manipulación" al molerlo para su pulverización, su mezcla con otras sustancias o su uso para la decoración de objetos, construcciones y personas; su "consumo directo vía ingesta o inhalación por parte de un grupo social especial" en el marco de prácticas rituales o la incidencia de factores medioambientales.

En cualquier caso, estos investigadores defienden que este estudio refleja que la población calcolítica de Valencina representaría "el más intenso y prolongado caso de exposición al mercurio registrado hasta la fecha"; exponiendo que estas personas pudieron sufrir "en variable grado los efectos del mercurio en la salud".

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27 abr 2024 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: , ,

El astrónomo Juan Antonio Belmonte aborda este viernes la relación entre el yacimiento de Valencina y las estrellas

25/04/2024. EuropaPress

La Casa de la Cultura de Valencina de la Concepción (Sevilla) acoge este viernes a las 19 horas una conferencia del prestigioso doctor en Astrofísica Juan Antonio Belmonte Avilés, autor de una quincena de libros y de más de 200 artículos; para abordar la dimensión astronómica del gran yacimiento arqueológico que albergan este municipio y su localidad vecina de Castilleja de Guzmán, fruto del asentamiento humano que acogía dicho entorno durante la Edad del Cobre.


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22 abr 2024 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas:

La huella de Lastigi: Una ciudad tartésica bajo el Campo de Tejada

Unas imágenes de escáner LiDAR revelan la existencia de una estructura urbana "fuera de lo común" en fincas de Escacena y Aznalcóllar, en plena zona minera. 

21/04/2024. Huelva Información. Paco Muñoz.

La tierra, por dentro, no brilla. Debajo es oscura, por muchos tesoros que contenga, y aún así, la luz de los metales que alberga ha atraído a lo largo de todos los tiempos a los hombres de todas partes del mundo. También lo hizo, claro, en la tierra que hoy confluye entre las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, que durante milenios fue excavada con extraordinaria pericia por sus pobladores, sacando de sus entrañas el rico mineral que aún hoy esconden, fundiéndolos y convirtiéndolos en rutilantes piezas de cobre, oro y plata ante el asombro de los mercaderes y navegantes que llegaban a buscarlas desde lejanas tierras. Las civilizaciones más poderosas ansiaron y explotaron sus riquezas: fenicios, griegos, cartaginenses o romanos quedaron deslumbrados por su brillo y tomaron sus territorios, y sus hombres más sabios e ilustres escribieron, admirados, sobre ellos y les pusieron nombre: tartesios, les dijeron, y después turdetanos, “los más cultos de los íberos”, como los definió Estrabón. Hablaron de ellos en sus libros, en los que los idealizaron hasta construir la imagen de una civilización mítica cuya fama todavía perdura pero de la que apenas queda rastro.

Poco a poco, la arqueología ha podido ir desgranando algunos de los secretos que envolvían la leyenda. Hallazgos como el del tesoro del Carambolo, que abrió la puerta a la existencia real de la civilización de Tarteso, o los del cabezo de La Joya y la ciudad de Tejada la Vieja han ido dando pistas acerca de lo que fueron y también de lo que no fueron, pero aún quedan muchas preguntas sin respuesta, como por ejemplo cómo se organizaban territorialmente o bajo qué formas de gobierno. ¿Fue Tarteso un reino, como narraron los clásicos, o se trató solo de una especie de sociedad mancomunada, un simple conjunto de poblaciones independientes? ¿Qué tenían en común, además de una cultura compartida? Las respuestas solo pueden encontrarse, de momento, en Tejada la Vieja, que es la única ciudad tartésica que puede investigarse ‘in situ’. El resto de  las que se conocen reposan bajo poblaciones ‘vivas’, como es el caso de Huelva, y de las que no se conocen no se sabe más que sus nombres y algunas pistas perdidas en medio de la historiografía y la literatura. Para llegar a entender la auténtica ideosincrasia de Tarteso sería necesario excavar más ciudades como Tejada. El problema es que encontrarlas sería, más que una probabilidad, un milagro. O tal vez no.

Para hacerse una idea de cuáles eran y dónde estaban las ciudades de Tarteso hay que acudir a los textos clásicos. De ellos, por ejemplo, se puede deducir la ubicación de algunos de sus puertos y poblaciones principales. Los tartesios, escribió Estrabón, fundaron su ciudades en las orillas de los ríos y en sus esteros, donde llegaron incluso a abrir canales para poder conectarse por barco las unas con las otras y, por supuesto, para salir al mar a través del ‘Sinus Tartesii’, la actual Ensenada de Huelva. Muchas de esas ciudades han sido ya identificadas (“Asta, Nabrisa, Ónoba y Osónoba” existen hoy bajo Jerez de la Frontera, Lebrija, Huelva y Faro, por ejemplo), pero el territorio en el que se desarrolló Tarteso fue mucho más grande. Creció en el entorno de la desembocadura del río Guadalquivir, el llamado Lacus Ligustinus (donde vivían del comercio y el aprovechamiento de sus grandes recursos agropecuarios) y se expandió en un entramado de poblaciones asentadas, en camino ascendente hacia las minas, a lo largo de los ríos Tinto y Odiel, por el oeste, y al noreste a través del curso del ‘Maenuba’, nombre romano del actual río Guadiamar, que por entonces era navegable hasta los grandes yacimientos de plata de Aznalcóllar. Plinio, el célebre geógrafo romano, se refirió a algunas de estas ciudades en su ‘Historia Natural’: Olóntigi, Laelia y Lastigi, y aunque hay un relativo consenso sobre la ubicación de las dos primeras en Aznalcázar y Olivares, donde se han encontrado restos de la época, la situación de Lastigi es completamente desconocida. Los arqueólogos llevan desde los años treinta del siglo pasado buscando la ciudad en el entorno de Los Merineros, donde se ha catalogado un yacimiento de origen romano, pero su ubicación exacta sigue siendo una incógnita. O lo era hasta hoy.

Una casualidad

Como casi todo lo relacionado con los descubrimientos arqueológicos, lo que esconde el paraje de la Dehesa del Prado se encontró por casualidad, por un paseo, aunque los sucesos posteriores tampoco le andaron a la zaga si a serendipias se refiere. La historia transcurrió más o menos así: en el año 2009, durante una caminata por el campo, Juan Antonio Figueras, que además de licenciado en Geografía e Historia es presidente de la Asociación Defensa de la Cultura y la Naturaleza (Adecuna), se topó con lo que parecía un conjunto de piedras acordonadas, algunos muros enterrados, restos de cerámicas y lo que parecían unas construcciones rectangulares que rápidamente identificó como protohistóricas y “posiblemente”, explica, de origen tartésico, ya que presentaban “formas muy parecidas a las que pueden verse en Tejada la Vieja”, con algunos tramos en los que incluso se apreciaban lo que podían ser calles “perfectamente alineadas”.

Lo extraordinario del hallazgo, unido a que sus dimensiones parecían “fuera de lo común” (llegaba de un lado al otro del arroyo de Barbacena) motivó a Figueras a estudiar el terreno y, tiempo después, ya  en 2021, a elaborar un informe y entregarlo a la Consejería de Cultura. Desde entonces, cuenta el presidente de Adecuna, no supo “nada más” hasta que la suerte volvió a hacer de las suyas a finales de 2022, cuando el ingeniero de montes Manuel Hidalgo se puso en contacto con él para contarle lo que había encontrado durante la realización de unos trabajos de cartografía con datos de escáner láser LiDAR: una inesperada sorpresa  en forma de gigantesca estructura bajo el suelo, formada por lo que a todas luces parece no uno, sino varios núcleos urbanos que se extienden a lo largo de casi 100 hectáreas, el más pequeño a un kilómetro exacto de Tejada la Vieja y el más grande, a tres.

El procesamiento de datos del LiDAR genera un modelo digital del terreno que, a partir de sombreados y la aplicación de diferentes filtros, muestra las anomalías del suelo, “diferencias de cota milimétricas”, comenta Hidalgo, “que en la mayoría de los casos pueden pasar desapercibidas al ojo humano”. A diferencia de la fotografía aérea, el LiDAR es capaz de mostrar indicios de lo que está justo debajo del suelo, y por eso su aparición está revolucionando el mundo de la arqueología. Las imágenes generadas por el escáner en el entorno de la finca, situada en los términos municipales de Escacena del Campo (en Huelva) y Aznalcóllar (Sevilla), a uno y otro lado del arroyo Barbacena, son más que asombrosas a simple vista porque muestran un urbanismo “muy parecido al de Tejada la Vieja”, explica Figueras, solo que muchísimo más grande: “Si es tartésico, posiblemente sea más grande que la propia Huelva protohistórica”, asegura Hidalgo. ¿Qué es lo que se esconde bajo el suelo de la Dehesa del Prado? “A la vista de los datos que se están barajando, tenemos ante nosotros una ciudad, aunque solo la arqueología podrá confirmarlo”, asegura el arqueólogo subacuático e investigador de la UHU Claudio Lozano, que también se atreve a ponerle nombre: “la potencia del yacimiento que ha aparecido, su ubicación y su relación con los yacimientos y las vías navegables del entorno parecen indicar que Lastigi ha sido finalmente descubierta”.

Hidalgo y Figueras tampoco tienen dudas al respecto: coincide la ubicación que Plinio hace de la ciudad, coinciden tanto el urbanismo como el tipo de construcciones que se intuyen a partir de las imágenes del LiDAR y, por último, coincide con otra pieza importante del puzzle: las monedas. Ellas son “el primer testimonio material de la existencia de esa ciudad”, explica Lozano, y la mayor parte de las monedas de Lastigi que se conocen han aparecido en el entorno de Aznalcóllar. El especialista en numismática Francisco Jordi destaca además que existe “una iconografía análoga” con las monedas identificadas de Laelia y Olontigi, de modo que, como escribió Plinio, es muy probable que efectivamente estuvieran “próximas entre sí”. Jordi cree que es evidente que “existió una alianza, al menos comercial, entre estos tres enclaves” citados por Plinio y “asociados a la vega fluvial del río Guadiamar”, pero además “habría que sumar un cuarto enclave, unido a través de un afluente de este río, que fue mucho más importante y que encabezó esa conurbación”: lbitugir, la antecesora de la Ituci romana, situada en Tejada la Nueva (llamada Elibyrge por los tartesios) fue, dice el numismático, la ciudad que "inició la monetización" del entorno. Su moneda, la más antigua de la zona, "debió de circular por el resto de ciudades", por lo que todo apunta a que "estamos hablando de una región en sí misma".

De hecho, la cartografía LiDAR no muestra solo un espacio urbanizado, sino dos grandes zonas, de alrededor de 30 hectáreas cada una y alejadas entre sí unos kilómetros, además de algunos pequeños núcleos situados entre las dos. Es posible que en realidad todas esas construcciones formaran parte de un todo, o que se tratara de poblaciones vecinas, o quizás de un área industrial y una urbana de la misma ciudad, o incluso de una necrópolis (quién sabe si la de Tejada la Vieja, que se encuentra relativamente cerca y que aún no se ha localizado). Lo cierto es que la hipótesis de salida, que Lastigi ha sido descubierta y que es posible que permanezca casi en su totalidad bajo el suelo de la finca, abre todo un mundo de posibilidades a la investigación sobre Tarteso, como asegura Claudio Lozano: “La aparición de una ciudad de estas características nos ofrece la capacidad de analizar su registro arqueológico completo, entender su diseño, evolución y función geoestratégica. Este tipo de asentamientos tienen que excavarse para que entendamos la dinámica sincrónica y diacrónica del territorio, es decir, cómo era en su tiempo, cómo se relacionaba con otros asentamientos y cómo ha cambiado con la superposición de otras culturas a lo largo de su historia”.

Sin protección

Si lo que captaron los datos LiDAR es Lastigi (y para confirmarlo solo hace falta excavar), se trataría, afirma Lozano, de “una muy buena noticia para la arqueología y una gran oportunidad para conocer aún más del mundo tartésico”, al que, pese a su evidente relevancia histórica en toda Andalucía occidental, se le ha prestado menos atención científica que a otras civilizaciones posteriores: “hay aspectos culturales turdetanos y tartésicos que quedan aún por identificar en una tarea más sutil, como la identificación de las redes indígenas originales, su urbanismo, la gestión del territorio, las vías de comunicación o su tecnología”. El problema -siempre hay alguno- es que el yacimiento aún no está protegido por la Consejería de Cultura de la Junta. De hecho, ni siquiera, a pesar de los informes y denuncias presentados, ha intervenido en el terreno, como explican desde Adecuna.

Al mismo tiempo, se da la circunstancia de que las fincas están incluidas en la zona de sondeos de la empresa minera Pan Global Resources, por lo que sobre la mesa está, no solo la desprotección, sino también el riesgo de destrucción de nada menos que una “ciudad perdida”, que no está en el Amazonas ni en oriente medio, sino ahí mismo, en un campo de olivos y dehesa entre Huelva y Sevilla. “Toda una ciudad”, insiste Claudio Lozano, que está “deseando hablarnos y que nos conozcamos”. Toca ahora “que la arqueología pueda actuar” y arroje toda su luz sobre lo que sea que esconde la rica tierra del Campo de Tejada.

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17 abr 2024 ~ 0 comentarios ~ Etiquetas: ,

Tres civilizaciones de Sevilla camino del Patrimonio Mundial

El yacimiento de la Edad del Cobre de Valencina, con sus nuevos hallazgos, entra en la carrera junto a la Itálica romana y la Carmona cartaginesa el olimpo de la Unesco. 

17/04/2024. ABC. Javier Macías. 

Sevilla es una torre de Babel que se ha ido forjando a lo largo de su historia milenaria, cuyas civilizaciones siguen aflorando conforme se va desenterrando el pasado. El último hallazgo ha sido en Valencina de la Concepción, como adelantó ABC de ...

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