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Indignación vecinal tras el cierre cautelar de San Isidoro del Campo


JUAN CARLOS ROMERO Santiponce.
El enclave permanece cerrado hasta nuevo aviso y la asociación en defensa del conjunto monumental denuncia el hermetismo tanto de Cultura como del Ayuntamiento poncino.
23/08/2016. ABC.

La Junta de Andalucía mantiene el monasterio de San Isidoro del Campo cerrado hasta nuevo aviso, según el escueto comunicado que ha sido publicado en la página de este enclave patrimonial fundado en 1301 por Guzmán el Bueno en Santiponce.

La asociación Amigos del Monasterio de San Isidoro del Campo ha mostrado su indignación tanto con la Junta de Andalucía como con el Ayuntamiento de Santiponce ante la falta de información a la que han tenido acceso desde el robo de dos azulejos del siglo XVI de un paño del Claustro de los Muertos del monasterio fortificado en el conjunto histórico- artístico, declarado Bien de Interés Cultural (BIC).

El portavoz de la asociación, Juan José Casero, denuncia el hermetismo sobre un suceso que, asegura, ya venían alertando de que podía ocurrir desde el pasado mes de enero. La entidad vecinal creada para la difusión y defensa del enclave monumental de San Isidoro del Campo asegura que el monasterio permanece cerrado desde el robo, sin que hayan sido informados de su reapertura.

«No tenemos idea del tiempo que lo van a tener cerrado», afirma Casero a ABC de Sevilla, tras haber contactado con la concejal delegada de Cultura del Ayuntamiento de Santiponce que, relata, le hizo saber que le habían pedido que «no hablase del tema». El cierre cautelar de las instalaciones declaradas en 1872 Monumento Nacional y abandonadas por los monjes jerónimos en 1978, se produce mientras el personal técnico de Cultura analiza los daños y el impacto del robo de los azulejos atribuidos al ceramista Niculoso Pisano.

La decisión sin embargo no ha sorprendido a la asociación, que asegura que al conjunto «no se le puede hacer más daño del que ya le vienen haciendo manteniendo un reducido horario de visitas y una situación de abandono que llevamos denunciando desde el mes de enero». Esta entidad elevó una propuesta a la Junta de Andalucía para mantener abierto el conjunto durante más tiempo ofreciendo para ello a voluntarios de la asociación «siempre y cuando hubiera un funcionario responsable de las instalaciones al mismo tiempo». La propuesta fue derivada a la dirección de Bienes Culturales y Museos, «que no llegó a contestarnos», lamentan.

Casero se ha quejado también de la actitud de los grupos parlamentarios de Andalucía. «Nuestra asociación invitó por escrito a los grupos parlamentarios a que se acercaran a conocer la situación del Monasterio de San Isidoro del Campo», explica el portavoz de la asociación en defensa del conjunto histórico-patrimonial, «pero al menos antes de que se produjera el robo ninguna fuerza política quiso interesarse por este tema».

La entidad se mantiene a la espera de conocer al delegado territorial de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía en Sevilla, José Manuel Girela de la Fuente, con el que han procurado «por diversas vías» una reunión de trabajo tras su reciente llegada al cargo. Una vez que se esclarezcan los pormenores del robo, entre los vecinos confían en que se aborde definitivamente la problemática sobre los horarios de visitas para que no permanezca cerrado los domingos, lunes y días festivos.

Un hito del protestantismo en España

El monumento es un reclamo fundamental en Andalucía para el turismo internacional ante la proximidad, en octubre de 2017, de la conmemoración del 500 aniversario de la Reforma Protestante. San Isidoro del Campo mantuvo un estatus privilegiado con jurisdicción propia hasta el siglo XIX y resulta especialmente llamativo para el turismo centroeuropeo y anglosajón por ser un espacio significativo en la historia del protestantismo.

La comunidad de monjes de San Isidoro del Campo fue germen en el siglo XVI de un grupo de religiosos que se abrazaron a las ideas protestantes en el Sur de Europa. Siguiendo las rutas comerciales de la época, los libros prohibidos por la Iglesia Católica llegaron clandestinamente a este enclave próximo a Sevilla gracias a la figura de Julianillo Hernández, hasta que fueron confiscados por la Inquisición, que persiguió a esta comunidad.

La huída de los monjes del monasterio perseguidos por la Inquisición marcaría un hito de la mano del cérebre Casiodoro de Reina, que en el año 1569 traduce la Biblia al castellano, la denominada Biblia del Oso, en una versión revisada en 1602 por Cipriano de Varela.

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