28 jun. 2018 ~ ~ Etiquetas:

Itálica, campo de experimentación de Adriano


Cortés Copete, a la izquierda, con Concha Cobreros, coordinadora de Civisur, y el profesor José Beltrán - RAÚL DOBLADO.
Cortés Copete clausura el curso del Foro Permanente de Itálica que respalda la candidatura de patrimonio mundial.
27/06/2018. ABC.

Una fascinante Itálica, en constante reinterpretación, que refleja y proyecta el mejor momento del imperio y que hasta se convirte en campo de experimentación de un nuevo mundo para el emperador Adriano. Así fue el retrato que compuso de la antigua ciudad romana el catedrático de Historia Antigua de la Universidad Pablo de Olavide Juan Manuel Cortés Copete.

Fue en la conferencia «Europa romana. Itálica como símbolo de integración» con la que se clausuró el segundo curso del «Foro Permanente Itálica en clave de Patrimonio Mundial» promovido por Civisur, la plataforma civil que busca la candidatura de patrimonio mundial para el conjunto monumental. Una candidatura que se presentará el año que viene y que desde hace meses es el eje de este laboratorio de pensamiento y reflexión multidisciplinar sobre Itálica.

La Itálica que mostró el profesor Cortés Copete fue el de una ciudad singularísima, adelantada, novedosa y sobre la que aún quedan por conocer muchas cosas. «Itálica fue un campo de experimentación de una cultura nueva. Para el emperador Adriano fue un laboratorio. Aquí se construyeron cosas que se hicieron por primera vez y que luego se difundieron. Es en la ciudad nueva donde el emperador puede inventar, experimentar», explicó iniciando un curioso paralelismo, una galería de espejos en la que el perfil de Itálica aparece reflejado en otros grandes monumentos del imperio.

Ocurre con el Traianeum, el templo de culto imperial hallado en Itálica. «Hay teorías que lo relacionan con el Hadrianeum de Roma y que hoy es el edificio de la Bolsa. Esas columnas de doce metros son del mismo tipo que las que había en Itálica», apuntó. El profesor Cortés Copete recreó una escena de verosimilitud histórica describiendo la llegada al muelle del Guadalquivir, cuyo cauce pasaba entonces cerca de Itálica, de los barcos que traían los inmensos tambores de las columnas del templo.

Siguió dibujando un monumento de dimensión descomunal y rodeado de un pórtico de columnas. Para la descripción de esta Itálica aún por confirmar en las excavaciones, el profesor acudió a las fuentes escritas analizando con sagacidad epigráfica textos del emperador referidos a templos dedicados a él en otras ciudades. Con detalles sobre templos que también desaparecieron compuso una idea aproximada de cómo pudo ser el Traianeum, eje de esa ciudad nueva del emperador. Y subrayó la posible existencia de un coloso, como ha demostrado la aparición de fragmentos como un dedo gigantesco.

Cortés Copete destacó la importancia de las excavaciones e investigaciones realizadas por la historiadora y arqueóloga Pilar León -que estaba presente en la conferencia- en el descubrimiento del Traianeum. Y señaló lo que aún queda por hacer. «Hay que hacer una reivindicación para que se hagan más excavaciones en la zona, quitar el camino del cementerio y recuperar arqueológicamente ese territorio».

Cortés Copete valoró la figura del emperador Adriano por «haber sintonizado el gobierno con lo que estaba ocurriendo en el imperio» en referencia a un momento histórico en el que se da ya la primera globalización con la integración de diversas culturas dentro del imperio.

Y señaló cómo también en Itálica se reproduce el imaginario de otras partes lejanas del imperio, como Egipto. «En el mosaico de Neptuno de Itálica hay motivos nilóticos. Los italicenses no habían visto el Nilo, pero ahí está hasta la imagen de un nilómetro, ese pozo que permitía medir las crecidas del Nilo y preveer las cosechas de trigo, que era clave para Roma y también para las colonias».

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