23 abr. 2019 ~ ~ Etiquetas:

Extremadura: Un aficionado a la arqueología descubre un nuevo dolmen en Arroyo de la Luz


Samuel Rodríguez Carretero en el dolmen que localizó en febrero en Arroyo de la Luz. :: hoy .
Samuel Rodríguez halló de forma casual este monumento funerario, que pudo ser levantado entre los milenios IV y III antes de Cristo.
Evaristo Fdez. de Vega
22/04/2019. Hoy.

Samuel Rodríguez Carretero, autor del blog 'Extremadura: caminos de cultura', ha dado a conocer el hallazgo de un dolmen no datado hasta ahora en la dehesa boyal de Arroyo de la Luz. Fue este amante del patrimonio quien hizo el descubrimiento de forma casual, pero una posterior visita de los técnicos en la materia ha confirmado que las formaciones graníticas que sobresalen en esa zona pudieron ser depositadas allí entre los milenios IV y III antes de Cristo.

Rodríguez Carretero se fijó en esas enormes piedras que sobresalen del suelo mientras recorría la finca comunal de Arroyo de la Luz, una centenaria explotación ganadera salpicada de encinas y afloraciones graníticas que atesora restos arqueológicos de diferentes épocas, entre ellos una importante colección de tumbas que se atribuyen a la etapa visigoda. Esa zona también es conocida por la existencia de prensas de piedra que pudieron ser utilizadas para molturar aceituna o prensar uva en una antigua villa tardorromana o visigótica.

El interés arqueológico de este paraje llevó hasta allí a Samuel Rodríguez el pasado 26 de febrero. Buscaba tomar nuevas imágenes de las tumbas excavadas en las rocas que pueblan la dehesa arroyana cuando, volviendo de lo que se conoce como el Pozo de las Matanzas, se percató de la presencia de nuevas sepulturas roqueñas junto al camino que comunica la ermita de la patrona con la zona occidental de la finca. «Fue entonces cuando decidimos subir a lo alto de una suave loma coronada por lo que parecían ser unas afloraciones graníticas que surgían del terreno. Pero al llegar, pudimos observar, sorpresivamente, que la disposición de las piedras no parecía aleatoria. Se presentaban en círculo, ligeramente inclinadas las piezas pétreas hacia el centro de la circunferencia que dibujaban», describe ilusionado.

Samuel no dudó de que esa colocación era «premeditada». Se percató también de que lo que parecía ser la entrada al recinto se orientaba hacia el levante. «Es emocionante pensar que ese dolmen ha estado ahí miles de años y que ahora nos hemos dado cuenta de su significado».

Con la sospecha de haber encontrado un monumento funerario, Samuel regresó a Badajoz, donde consultó las publicaciones en las que se citan los dólmenes localizados en Extremadura. «Pero no encontré ninguna referencia al hallazgo realizado por lo que pensé que podría ser un dolmen completamente desconocido por investigadores y autoridades».

Confirmación oficial
Feliz por la simple posibilidad de que así fuese, Samuel Rodríguez contactó con el jefe de la Sección de Arqueología de la Junta de Extremadura, Hipólito Collado, y con otros técnicos en la materia. «La primera confirmación nos llegó del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, desde donde José Javier Cano nos dijo que era un dolmen».

Finalmente, los técnicos de la Junta se desplazaron a Arroyo de la Luz el pasado 7 de marzo. «Ese día, el equipo de José Ramón Bello, dependiente de la Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural, confirmó sobre el terreno el hallazgo del nuevo dolmen», indica Rodríguez Carretero.

Para conocer el estado actual del monumento será necesario excavar, pero su aspecto exterior confirma que el túmulo de tierra que cubría el dolmen ha desaparecido, al igual que la piedra que servía de tapa a la cámara funeraria, cuya misión era sellar la parte superior. No ocurre lo mismo con algunos de los ortostagos (piedras verticales) que conformaban el panteón, «desafortunadamente recortados, posiblemente para utilizar su materia prima en algún cercado próximo».

La intervención arqueológica deberá determinar también si bajo el nivel actual del suelo está o no enterrado el corredor que, a modo de pasillo, permitía el acceso a un mausoleo que debió ser construido entre los milenios IV y III a antes de Cristo.

Parecido a otros dólmenes
Rodríguez Carretero afirma que este dolmen debió ser utilizado para depositar los cadáveres de los miembros fallecidos en el clan que habitó en ese entorno, «emparentados culturalmente con las poblaciones neolíticas o calcolíticas que ocupaban las comarcas extremeñas enclavadas entre los ríos Tajo y Guadiana en la mitad occidental de la región, a juzgar por el gran parecido dimensional y estructural del dolmen arroyano con aquéllos conservados en los términos municipales de Valencia de Alcántara o San Vicente de Alcántara».

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