8 sept. 2019 ~ ~ Etiquetas: ,

Extremadura, tierra de dólmenes


Juan Jesús Sánchez, en el interior del dolmen del Tremedal, de 5.500 años de antigüedad. :: DAVID PALMA.
La región cuenta con decenas de estructuras prehistóricas repartidas por toda su geografía.
07/09/2019. Hoy. ANA B. HERNÁNDEZ

De norte a sur, Extremadura suma decenas de dólmenes. Desde los reconocidos de Lácara y Toriñuelo pasando por los conjuntos de Valencia de Alcántara o los de la dehesa boyal de Montehermoso. El interés despertado por la reaparición del dolmen de Guadalperal, foco de atracción de centenares de personas este verano, desde que la asociación Raíces de Peraleda avisara de que la bajada del nivel del agua del pantano de Valdecañas permitía verlo, ha puesto de manifiesto el tirón turístico que tiene la cultura megalítica en el conjunto de Extremadura, como tierra de dólmenes que es.

«Son miles las personas que han visitado nuestro complejo y numerosos los arqueólogos, investigadores e historiadores los que vienen a conocerlo», dice Juan Jesús Sánchez Alcón, presidente de Área Natural Extremadura, la asociación que lleva años dedicándose al estudio y promoción de la riqueza natural y arqueológica de la dehesa boyal de Montehermoso.

Los expertos coinciden en que la comunidad autónoma tiene una de las más importantes ofertas de cultura megalítica de la península

«Llevo años enseñando toda esta riqueza patrimonial a muchas personas, no solo venidas de Extremadura, también de otras partes de España y de Europa y del resto del mundo», añade. «Porque, aunque a día de hoy solo hay tres dólmenes excavados, podemos hablar que estamos ante uno de los más importantes yacimientos arqueológicos que hay en Extremadura, ya que todavía hay muchos dólmenes, asentamientos y restos de aldeas aún por descubrir».

De hecho, y a pesar de que faltan muchas de las grandes lajas que hicieron las veces de tejado en el pasado, las rocas de granito que hoy persisten, después de más de 5.500 años en el caso del más antiguo en Montehermoso, permiten imaginar cómo fueron los primeros dólmenes y cómo evolucionaron con el paso del tiempo hasta que aparecieron los enterramientos individuales, que también los hay en la dehesa montehermoseña.

De estas estructuras megalíticas, construidas durante el Neolítico y el Calcolítico como sepulcros colectivos, hay numerosas muestras repartidas por la geografía extremeña, como han estudiado, detallado y publicado numerosos expertos, que valoran la oferta de cultura megalítica de la región como una de las más importantes de la península ibérica. «Pero posiblemente no hay un caso igual en Extremadura que el que tenemos en la dehesa boyal de Montehermoso», destaca Juan Jesús Sánchez Alcón.

Los excavados

Porque en este espacio de un millar de hectáreas, declarado parque periurbano hace un lustro, hay inventariados y catalogados una veintena de dólmenes, aunque solo tres se han excavado y están a la vista: el dolmen del Tremedal, el de la Gran Encina y el Gran Dolmen. Descubiertos los tres por el historiador y hoy cronista oficial de Navalmoral de la Mata, aunque natural de Montehermoso, Domingo Quijada González. «Yo los descubrí como dólmenes en 1972, cuando estudiaba Geografía e Historia en Cáceres», recuerda hoy este experto.

El primero toma el nombre de una laguna cercana y utilizada para abastecer al ganado que ocupa la dehesa municipal, y es el más antiguo de los tres. «Tiene más de 5.500 años según las dataciones arqueológicas», detalla Sánchez Alcón. El segundo, con 5.000 años, es el dolmen de la Gran Encina, por su ubicación próxima a un árbol de casi 800 años, y el tercero en ser excavado es el menos antiguo de los tres que se pueden visitar en la dehesa boyal de Montehermoso. Se trata del Gran Dolmen, el más grande, con 4.500 años de antigüedad.

Todos tienen sus anillos concéntricos y el corredor de acceso con orientación sureste, en dirección a la salida del sol. Aunque a todos les faltan las losas horizontales y también algunas verticales, posiblemente por los expolios que han sufrido a lo largo de la historia. De hecho algunas de las grandes losas de los dólmenes se han utilizado para la construcción de un puente en la propia dehesa boyal.

Hay teorías que sugieren que el cuerpo del difunto se dejaba cercano al lugar de los enterramientos, pero a la intemperie, para que las aves de rapiña se alimentaran de su carne y elevaran con su vuelo las almas de los muertos al cielo.

«La construcción de los dólmenes tenía como finalidad la de enterrar a los muertos siguiendo rituales de inhumación que, con el paso del tiempo, dieron lugar al rito de la incineración», explica Juan Jesús Sánchez Alcón. «Se dejaron de construir hace 3.000 años, cuando empezaron las tumbas individuales», agrega.

Pero los monumentos funerarios en la dehesa boyal de Montehermoso, como los cinco asentamientos que también se han descubierto en ella, «no fueron elegidos al azar; su situación y construcción siempre estaban influidas por los recursos naturales y la orografía del terreno», como ocurrió en el resto de localizaciones de estas estructuras megalíticas en la región. Juan Jesús Sánchez asegura que sus constructores «buscaron lugares cercanos a cursos de agua, con abundantes canteras para la extracción de grandes losas de granito y propicios para la caza, la ganadería y la agricultura».

El futuro
Mantiene, por eso, la conveniencia no solo de conservar y dar a conocer el patrimonio ya descubierto, sino, en el caso de Montehermoso, la necesidad de que continúen las excavaciones paradas desde hace 15 años para sacar a la luz nuevos dólmenes, nuevos restos.

«Confío en que tras el interés despertado por Guadalperal, se retomen las excavaciones en una dehesa que está minada de dólmenes», resume Sánchez Alcón. «Porque ese pasado que nos mostrarán forma parte de nuestra identidad colectiva y nos continuará ayudando a conocer nuestra historia», argumenta. La que continúa sumando años en la dehesa boyal de Montehermoso, «una joya compuesta por varios dólmenes megalíticos que dan lugar a uno de los mejores complejos arqueológicos de Extremadura, un espacio que nos permite ver la evolución del hombre en armonía con su entorno desde tiempos prehistóricos», zanja.

Por eso insiste en la necesidad de que las excavaciones continúen y saquen a la luz más construcciones megalíticas en una región que cuenta con muchos testimonios. En la provincia cacereña destacan, según detalla el historiador Domingo Quijada González, los conjuntos de la zona de Alcántara, Valencia de Alcántara, Malpartida de Cáceres, Garrovilla, Jaraíz de la Vera, el Campo Arañuelo, la zona de la Jara cacereña y Montehermoso.

En la pacense, los dólmenes de Lácara (entre Aljucén y La Nava de Santiago), Huerta Montero (Almendralejo), Toriñuelo, Magacela, Barcarrota y los conjuntos del sur del término municipal de Badajoz.

«Solo en la provincia de Cáceres, en el estudio que he realizado con mi compañero Antonio González Cordero, doctor en Prehistoria, hemos contabilizado casi 200 dólmenes, lo que da muestra del importantísimo testimonio de la cultura megalítica que tenemos en Extremadura», defiende Domingo Quijada González. «De hecho casi podríamos decir que en zonas ganaderas es difícil no encontrar algún dolmen», zanja el cronista oficial de Navalmoral de la Mata.

«El de Guadalperal es un dolmen más de los muchos que hay»
El historiador y cronista oficial de Navalmoral de la Mata, Domingo Quijada González, descubridor de los dólmenes de Montehermoso y experto en las construcciones megalíticas además, asegura que «el dolmen de Guadalperal es un dolmen más de los muchos que hay». Afirma que «es idéntico a los de Montehermoso, con la salvedad de que los de la dehesa boyal están cuidados, delimitados y preparados para ser visitados» y también que «no es cierto que hace 50 años que no se ve; yo lo he visto más de 20 veces, unas más y otras menos, en función de lo que baja el nivel del agua del pantano, igual que el que está justo en frente, un dolmen de Bohonal de Ibor, que también lo cubre el agua».

Domingo Quijada no comprende por eso el revuelo que se ha montado en Peraleda de la Mata y, aunque es partidario de que se conserve el dolmen de Guadalperal, «que está de sobra estudiado», recuerda, «soy más partidario de empezar por los dólmenes intactos que hay en otros lugares, porque en su interior se encuentran numerosos utensilios, material valioso», concluye el experto.

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