10 mar 2024 ~ ~ Etiquetas:

La historia que persiste: El caso de Tejada la Vieja, legado tartésico único en Huelva

El jerezano Francisco Jordi da a conocer los nombres más antiguos de Tejada (Huelva): la Nueva (siglos IV-I a. C.), Ilbitugir, sucesora de la Vieja (VIII-IV a. C.), Elibyrge. 

10/03/2024. Huelva Información

Esta es la historia de una ciudad que resurge en otra ubicación para florecer en todo su esplendor, hasta el punto de encabezar a una etnia, la bástulo-púnica, y participar en los circuitos comerciales de la costa atlántica andaluza y mediterránea. Y comienza así.

El camino para resolver la incógnita sobre las monedas púnicas “inciertas” iniciado por el investigador jerezano Francisco Jordi Páez, junto a la doctora en Filología Semítica de la Universidad de Barcelona María Josep Estanyol i Fuentes, ha llegado a su fin. El autor afirma que “si una cosa he aprendido de esto es que, como decía el poeta Antonio Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Hemos cuestionado todo y solucionado de raíz un problema de identidad de dos enclaves, Lebrija y Tejada la Nueva (Huelva), a partir de sus monedas y su adscripción a dos etnias significativas del sur de la península ibérica entre los siglos II y I a.C.: la turdetana y bástulo-púnica”. “Tejada la Vieja es un auténtico hito del mundo tartésico, hasta el punto que protagonizó el Congreso Internacional de Urbanismo Protohistórico celebrado en Huelva, a finales de 2022”, asegura Jordi. 

El joven investigador inició un trabajo sobre los orígenes de su tierra, Jerez, a través del estudio de dos grupos de monedas púnicas “inciertas” que le condujo, en primer lugar, por una “senda más que inesperada”: hasta Lebrija. En 2022 presentó en el X Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos celebrado en la isla de Ibiza, Las monedas del grupo ‘caballo y palma’ en el paleoestuario del río Guadalquivir en el que dio a conocer Naprišan, la ciudad que constituía la cabecera de los turdetanos, antecesora de Nabrissa romana. Ahora, dos años después, el otro grupo de monedas le ha llevado hasta Tejada la Nueva, una auténtica encrucijada en la que se da el mismo problema que Lebrija: una ciudad que antecede a la romana, pero con una peculiaridad, que hereda el nombre de otra, que es tartésica, “con unos restos mucho más impresionantes y que se abandona en torno al siglo IV a.C.”. 

Ante tales problemas, Jordi era consciente de que, de encontrar un nombre anterior a Ituci romana, debió de situarse en la misma ubicación que la Nueva, dada su fundación ex novo, con un nombre muy similar al de su antecesora en la Vieja. Así pues, se adentró en sus entresijos históricos y presentó semanas atrás un estudio en el Hogar Príncipe Felipe de Escacena del Campo (Huelva), en el que daba a conocer el nombre más antiguo, no sólo de Tejada la Nueva (Ilbitugir) sino también de la Vieja (Elibyrge).

Esta conferencia, celebrada con motivo del 50 aniversario del descubrimiento de la ciudad tartésica de Tejada la Vieja (1974-2024), que fue presidida por la teniente de alcalde, María Dolores Bermúdez, y presentada por el presidente de la Asociación Cultural Scatiana, José Manuel Franco Castro, se publicará como artículo científico en las Actas del X Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos con el título Las monedas del grupo ‘jinete con clámide’, ‘caballo pastando’ y ‘racimo de uvas’ en la fértil campiña bañada por el río Guadiamar, dedicado in memoriam a la gran fenicista, María Eugenia Aubet i Semmler, fallecida hace pocos días, por su legado al mundo académico, pues fue la primera persona a quien Jordi se dirigió para comunicar sus investigaciones de cara al XCIEFP en Ibiza.

Problemática

Estas monedas han sido estudiadas por diversos autores desde el siglo XIX hasta nuestros días. Los hallazgos siempre apuntan al sur de la península ibérica, aunque también se tiene constancia de un hallazgo en 1907 en Guamasa, situada en La Laguna de Tenerife, por el cazador Ignacio Pérez Suárez.En el siglo XIX, el historiador, académico y numismático Antonio Delgado Hernández propuso que pertenecían a Ituci (Tejada), tanto por la procedencia de dichas monedas como por la similitud de sus leyendas, pero, más tarde, descarta tal atribución y lee aibr identificada con Abra en dos piezas con muchas reservas, afirmando que los hallazgos son casi siempre en el Aljarafe de Sevilla.

El jurista y epigrafista Manuel Rodríguez de Berlanga lee aimgr (Moguer), aunque piensa que son norteafricanas y no hispanas, a pesar de reconocer sus frecuentes hallazgos en Andalucía.En el siglo XX, el hebraísta, arabista y epigrafista Josep Maria Millàs Vallicrosa propone ygtgr y las atribuye a Ituci (Tejada). El arqueólogo y numismático Antonio Vives Escudero incluye estas piezas entre las “inciertas” y piensa que son del Norte de África e identifica un racimo de uvas.

El arqueólogo e historiador Antonio Beltrán, siguiendo a Millás, lee Athingada o Athinguera identificada con Tingentera en Isla Verde frente a Algeciras y confunde el diseño con un caballo oliendo un bucráneo.El hebraísta, arabista y epigrafista Josep Maria Solà-Solé lee mn’yptbk o yptbk y las atribuye todas a Ituci (Tejada), pues considera idénticas las leyendas y, junto con el numismático Antonio Manuel de Guadán, opinan que el caballo bebe de un vaso colocado en el suelo, como si estuviera abrevando en un recipiente o copa de libación.

El numismático británico Gilbert Kenneth Jenkins lee mgsn y mgs’n, mientras que la arqueóloga española Carmen Alfaro Asins apunta la inexistencia de la partícula mn que defendía Solá Solé, admitiendo al principio su lectura, pero luego propone ypbr. Las atribuye a Ituci (Tejada) o Ebora (Cortijo de Évora). Aunque identifica una piña tendida, en vez de un racimo de uvas. Indica que existen otros valores, como aleph aspado, que es típico del neopúnico.

Los numísmatas José Antonio Sáez Bolaño y José Manuel Blanco Villero opinan que se trata de un racimo de uvas y leen en todas ypbr identificada con Ebora (Cortijo de Évora) y asocian su diseño sacerdotal con el santuario púnico de la Algaida. El filólogo Santiago Pérez Orozco, analizando leyendas púnicas y neopúnicas, lee ylbr, aunque no descarta ylrk o ylr (Ilurco/Iluro anterior a Iliberri romana). 

Tejada la Nueva

Este enclave, situado sobre un alcor y dominando las fértiles tierras del actual condado de Huelva en conexión con el río Guadiamar a través del arroyo, fue cabecera de una comarca, la cual era su distrito o iqlim, siendo su nombre el de Talyata. Esta ciudad islámica heredó su nombre de la Ituci romana, adscrita al conventus Hispalensis, que aparece citada con relativa frecuencia en las fuentes clásicas, además de ser la patria de Pompeya Plotina, esposa del emperador Trajano, según las fuentes medievales, y que acuñó monedas con escritura latina y también púnica o neopúnica, referida a una ciudad anterior surgida, ex novo, a partir del siglo IV a.C., tras el despoblamiento de la Vieja situada en una clara oposición.

La epigrafista María Josep Estanyol i Fuentes pudo leer en las monedas inciertas claramente ylbr y ylgr que, junto a las dos monedas de transición en la que lee yltgr durante los inicios de la romanización, dan lugar a Ilbitugir, del que derivaría el etnónimo “bástulo”, al igual que hicieron otras ciudades que acuñaron monedas ibéricas y constituían la cabecera de sus respectivas etnias, citadas en las fuentes clásicas durante la conquista romana (Iltirta, ilergetes; Iltirkesken, ilercavones; Kese, cesetanos, Layesken; layetanos; Naprišan, turdetanos; Ipolka, túrdulos; Ausesken, ausetanos; Iaka, iacetanos, etc.).

La lectura, de derecha a izquierda, empieza con inicial aleph púnica, al igual que Gadir (Cádiz) y en su forma aspada, neopúnica, que Ibošim (Ibiza); yod púnica con una morfología variable, apreciándose o no el punto central del signo; lamed por su similitud con la de Lixus o Tagilit, pero, sobre todo, con la fórmula administrativa de b‘b‘l en Asidon; beth que adopta la forma de un cayado que en su porción superior es redondeado; taw que se enfatiza con la transición hacia la moneda romana de Ituci; gimel en forma de gancho, parecida a la de Olontigi, que dará lugar a la /c/ latina; resh final con su variante en forma de escarpia, que dan la transliteración completa de Ilbitugir, muy similar al de Rusadir (Melilla) y Gadir (Cádiz) púnica en su tramo final, aunque es una leyenda monetal inspirada de la de Larissa, situada en Grecia, acompañando al tipo “caballo pastando”.

“Estos préstamos epigráficos e iconográficos son habituales en estas ciudades-cabecera que, dentro de su complejidad étnica, mantenían aún su filiación étnica hacia aquellas culturas con las que se sentían más identificadas. En este caso, es evidente no sólo su intensa punicización, sino también su helenización. En cuanto a su etimología, el topónimo Ilbitugir parece derivar para su tramo inicial: de la raíz il- “ciudad” en ibérico; y para su tramo final: de la raíz ghir- “corriente de agua o cuenca por donde discurre” en líbico-bereber, en alusión al río Guadiamar, por lo que nos indica su filiación, por un lado, ibérica y, por el otro, númida, además de púnica por su radical bt- escrito en púnico, que esconde a los “bástulos” también llamados “púnicos”, explica Jordi.

Tejada la Vieja

Este enclave, situado en el piedemonte y abandonado en el siglo IV a.C., para trasladar su población a la “tierra llana” para levantar “la Nueva”, se fundó en torno a finales del siglo IX a.C. durante el contexto de la colonización fenicia. Fue una de las ciudades tartésicas más importantes, siendo redistribuidora de la minería, dado su acceso a la zona minera de la faja pirítica, además del vino, pues en las últimas excavaciones realizadas se han encontrado posibles espacios decantadores del vino y una zona de pisado de la uva, dando a entender su dedicación a la producción vitivinícola. Esta ciudad cuenta con una muralla de cuatro metros de alto y tres de grosor, con unos bastiones semicirculares adosados para reforzarla, dándole alto prestigio.

Por tanto, si este enclave dio nombre a la Nueva, conocida como Ilbitugir por acuñar monedas púnicas con influencia helénica, su nombre debió de ser similar al de su antecesora. Tras rastrear en las fuentes clásicas, se encontró ese nombre, correspondiente a una ciudad tartésica importante, citada por el historiador griego Hecateo de Mileto, en su obra Periégesis, datada en torno al siglo VI a.C. y recogida por el lexicógrafo griego Esteban de Bizancio: “Elibyrge, ciudad de Tartessos”, siendo el nombre más cercano al de Ilbitugir bástulo-púnica. Es citada junto a “Ibila, ciudad tartésica –ignota– que tendría minas de oro y plata” que podría ser la cercana Niebla, situada a orillas del río Tinto, conocida con el nombre de Ilipla romana. 

Adscripción étnica

Los bástulos aparecen citados en las fuentes clásicas y situados en la costa atlántica andaluza. Estrabón (III, 1, 7) nos dice que “los pueblos que habitan el litoral entre las desembocaduras de los ríos Anas y Betis se denominan bastetanos o bástulos”; (III, 4, 1) “al igual que las comunidades que habitan la franja costera entre las Columnas de Heracles y Karchedón Nea”.

Mela (III, 3) “a los que sobrepasan el cabo de Juno y siguen las tierras que están a la derecha, según se sale, los recibe el mar Atlántico y la costa de la fachada bética, que, a no ser porque se retira una vez y de nuevo otra un poco, es casi recta hasta el río Anas. Túrdulos y bástulos la pueblan”. Los autores se refieren a ellos como “blasto-fenicios” según Apiano (Iber. 53), “bástulos llamados púnicos” según Ptolomeo (II, 4, 6) o “bástulo-poenos” según Marciano de Heraclea (II, 9).

“Está claro que el dinamismo económico de Ilbitugir, dentro de la órbita económica de Gadir púnica, actuaría como foco de atracción de la población a través del río Guadiamar que le permitía su conexión con la franja costera gaditana. Los romanos crearon, de nuevo, un constructo al observar cierta complejidad étnica en convivencia con los púnicos. La situación de Ilbitugir en el centro del condado de Huelva, un panhandle o corredor que comunicaba el estado púnico-costero con el bástulo-interior, así como su conexión con la costa atlántica andaluza a través del río Guadiamar, hizo que se convirtiera en una referencia de identidad para los bástulo-púnicos. La presencia de caballería númida podría deberse a una repartición de tierras a cambio de sus servicios militares, siendo la ciudad fortificada el puesto de avanzadilla al frente de esa hipotética cleruquía mercenaria”. 

Deidad sincretizada

En los anversos, caracterizados por su homogeneidad, sin observar esas rupturas como sucedía en el caso de Naprišan, aquí se representa a una deidad tocada con un bonete redondo, que adopta, a veces, la forma de la exuvia elephantis del período helenístico representada en las monedas de los reyes númidas y acaba conformándose en una serie de líneas de puntos al estilo ibérico, más concretamente túrdulo. “Estos singulares tocados están ceñidos por una banda que se convierte al final en punteada, vestida con manto y con tres tirabuzones cayendo tras la nuca, al estilo griego, que luego desaparecen. El estilo abarca del bueno al tosco, siendo el último retrato más cercano a los bustos de Ipolka túrdula e influirá sobre uno de los retratos de la moneda de Onuba romana. Este retrato estaría relacionado con una deidad protectora del comercio internacional, dada su similitud con la estatua “sacerdotal” de una deidad hallada en la isla gaditana, con un sincretismo que enraíza con el mundo númida e ibérico”. 

Heráldica regional

Desgrana Jordi que en los reversos, de carácter heterogéneo, pero a su vez, homogéneos, al compartir los distintos anversos, tanto su composición epigráfica, inspirada de las monedas griegas de Larissa y púnicas de Gadir, adoptando el neopúnico como sistema de escritura, como sus diseños, deben ser leídos en “clave helénica” para comprender su significado. El jinete con clámide ondeando al viento, que representa a la caballería númida, helenizada, dada su inspiración helénica en las dracmas de Emporion (Ampurias) que suele portar un casco cónico o frigio, típico del mundo helénico, sosteniendo las riendas que recuerda su faceta bélica y de fertilidad. Este diseño será el que se inspire la moneda de transición a través del jinete con rodela, una adaptación tipológica que hace alusión a su filiación númida. El caballo pastando se identifica con Larissa y es copiada por Kese ibérica de los cesetanos, dando una idea de un remanso de paz entre los pastizales. El racimo de uvas, es de tipo cónico, distinto al alado, inspirado de la moneda griega de Maronea y adoptado por Olontigi (Aznalcázar). El toro con estrella en la moneda de transición, no sólo se trata de una renovación tipológica que tiene sus raíces en la moneda griega, sino también una inspiración de la moneda sardo-púnica de los mercenarios, con repercusión en casi toda la franja costera andaluza, siendo adoptada por las ciudades romano-republicanas de Ituci, Asido, Bailo y Lacipo. 

Producción monetaria

El peso de las monedas oscila entre los 14 y 4 gramos, con un módulo que oscila entre 25 y 28 mm., y acaba con 17 mm. Su patrón de referencia es el púnico-gaditano, por cuestión de tradición, pero, sobre todo, de prestigio, siendo sus denominaciones: duplos, unidades, mitades y cuartos. La cronología sería del siglo II al I a.C., con tres grupos de monedas clasificadas de acuerdo con sus emblemas, casi heráldicos, con el nombre de “jinete con clámide”, “caballo pastando” y “racimo de uvas”. Estos diseños expresan la distinción y homogénea reafirmación del grupo étnico, además de reforzar la cohesión de las identidades colectivas que conviven en la entidad cívica, conviviendo detrás púnicos, númidas y túrdulos, helenizados. No será hasta principios del siglo I a.C. cuando, en la transición hacia Ituci romana, este enclave acuñe dos monedas cruzadas de transición que enlazan con las series de la ciudad romana. 

Nuevos horizontes

Adelanta Jordi que ahora, tras cerrar este proyecto de investigación, “se abre otro, relacionado con las mal llamadas monedas “libio-fenicias”, un término usado por el políglota académico y numismático Jacobo Zóbel de Zangróniz, desde el siglo XIX, para referirse a un conjunto de monedas con una tradición epigráfica distinta, aisladas en un mismo bloque, en el que se darán a conocer los nombres pre-latinos, así como sus adscripciones étnicas, entre las que se encuentran: Turri-Regina (Casas de Reina), Iptuci (Prado del Rey), Lascuta (Alcalá de los Gazules), Asido (Medina Sidonia), Bailo (Bolonia), Oba (Jimena de la Frontera) y Arsa o Vesci aún sin localizar, correspondientes a ciudades romanas. Esta nueva línea de investigación se está preparando de cara para el extraordinario XI Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos que se celebrará en la isla de Malta en 2026”. 


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