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Las élites de la Edad del Cobre en el sur de la península Ibérica ingerían mercurio de manera ritual, envenenando a toda una comunidad

06/03/2024. La Brújula Verde. Guillermo Carvajal

Hoy en día, el mercurio es motivo de preocupación para las autoridades de salud y medio ambiente en prácticamente todos los países. Se han aprobado leyes y se han implementado programas para su total eliminación de las actividades humanas. Pero no siempre fue así: el mercurio y sus compuestos han sido muy apreciados y utilizados desde tiempos remotos en todo el mundo con diversos fines que van desde lo decorativo a lo medicinal, metalúrgico y simbólico.

En particular, el cinabrio (sulfuro de mercurio), un mineral de intenso color rojo, ha sido considerado en muchas culturas como una exótica materia prima, muy valorada y asociada con las élites y las prácticas sagradas. Un reciente estudio examinó uno de esos casos, ocurrido hace casi 5000 años en la Edad del Cobre de la península Ibérica, investigando la exposición al mercurio a través de huesos humanos.

El análisis incluyó un total de 170 muestras de 70 individuos humanos y 22 animales (más una muestra de suelo) del yacimiento de la Edad del Cobre de Valencina de la Concepción (Sevilla), en el suroeste de España. Es el mayor estudio realizado en un solo sitio sobre la exposición al mercurio en combinación con el uso de cinabrio basado en huesos humanos.

Se registraron valores anormalmente altos en algunos individuos que datan entre 2900 y 2650 a.C., especialmente en aquellos enterrados en tumbas notables pertenecientes a la élite social de ese período, pero también se encontraron altos niveles de mercurio en el resto de la población.

Estas elevadas concentraciones de mercurio en Valencina representan uno de los casos más intensos y prolongados de exposición a este elemento registrados en la historia humana, lo que lo convierte en un sitio importante para evaluar el largo y complejo historial de uso de esta sustancia.

El cinabrio, a menudo mezclado con otras sustancias minerales y aglutinantes orgánicos, se ha utilizado como pigmento durante milenios para pintar superficies rocosas, edificios, artefactos, textiles o incluso el cuerpo humano. En muchas culturas, el cinabrio y el mercurio también se han utilizado con fines medicinales, mágicos o para prolongar la vida.

Su uso como droga medicinal o mágica está bien atestiguado. Los alquimistas de la corte del primer emperador chino Qin-Shi-Huang, en el siglo III a.C., buscaban los secretos de la inmortalidad en el mercurio líquido. La medicina occidental hizo uso de dosis orales de sales de mercurio hasta el siglo XX para tratar diversas dolencias.

En la península Ibérica, hay un antiguo y extenso registro del uso de cinabrio y mercurio, lo que se refleja en una sustancial literatura. La prominencia de ambos minerales se explica por la presencia en Almadén (Ciudad Real) de la mayor mina de mercurio del mundo, incluida en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2012.

Las evidencias más antiguas del uso de cinabrio en la península Ibérica datan del Neolítico temprano, alrededor del VI milenio a.C. En el IV y III milenio a.C. (Neolítico final y Edad del Cobre), el cinabrio se ha encontrado en numerosos contextos funerarios, ya sea rociado sobre los pisos, los cuerpos y las ofrendas de las tumbas o utilizado como pigmento para pintar los ortostatos y arquitrabes de los monumentos megalíticos.

En Valencina, el uso de cinabrio fue particularmente intenso entre c. 2900-2650 a.C., en la primera de las dos principales fases de desarrollo del yacimiento. En esta fase, Valencina presenció un intenso monumentalismo como parte de sofisticadas prácticas rituales y funerarias que a menudo involucraban objetos finamente elaborados con materias primas exóticas.

En la tumba de «La Dama de Marfil» y en el tholos de Montelirio, monumento funerario de élite, el cinabrio tuvo una presencia penetrante. Fue usado para cubrir y pintar las grandes losas de pizarra que revisten los pasillos y cámaras y se roció abundantemente sobre los cuerpos y ajuares.

Los datos recopilados en el estudio revelan que la población de la Edad del Cobre de Valencina sufrió uno de los casos más dramáticos de exposición humana al mercurio conocidos en la historia.

Se pueden discernir varios tipos de exposición: La primera habría afectado a un pequeño grupo de especialistas religiosos y miembros de élite que quizás inhalaron o consumieron cinabrio como parte de su estilo de vida. La segunda exposición habría afectado a un contingente más grande, pero aún pequeño, de personas involucradas en la obtención y procesamiento de cinabrio. Un tercer tipo de exposición, que afectó a un grupo mucho más grande (quizás toda la población que habitaba o frecuentaba Valencina), habría sido indirecta, resultante de la presencia de mercurio en el medio ambiente o por la contaminación causada por la manipulación sostenida de cinabrio durante varias décadas.

Los principales efectos del mercurio incluyen toxicidad cardiovascular, toxicidad reproductiva y del desarrollo, neurotoxicidad, nefrotoxicidad, inmunotoxicidad y carcinogenicidad. Los efectos varían según la forma química del mercurio y la vía de exposición.

La población de Valencina estudiada aquí debió sufrir algunos, si no la mayoría, de los síntomas descritos, como trastornos neurológicos, motores, respiratorios, cardíacos, etc. Las concentraciones excepcionales encontradas en los huesos de algunas mujeres de la élite pudieron resultar de la inhalación, accidental o deliberada, de vapores de mercurio al calentar el cinabrio.

Se cree que estas mujeres eran especialistas religiosas a cargo de un importante santuario. Los trastornos neurocognitivos, motores y conductuales causados por el envenenamiento por mercurio, en muchos aspectos similares a los de las drogas alucinógenas, pueden haber sido una característica buscada entre este grupo altamente especializado involucrado en prácticas místicas, apariciones rituales dramáticas y gobernanza política.

Incluso si la prevalencia de tales prácticas fue relativamente corta, el procesamiento de cinabrio debió demandar una fuerza laboral dedicada a su obtención, procesamiento y manipulación, lo que habría llevado a la exposición de un número sustancialmente mayor de personas. El inevitable polvo fino de cinabrio pudo haberse depositado en los suelos y vegetación circundantes, ingresando luego a la cadena alimentaria y afectando a una parte aún más amplia de la población.


Fuentes

García Sanjuán, L., Montero Artús, R., Emslie, S. et al. Beautiful, Magic, Lethal: a Social Perspective of Cinnabar Use and Mercury Exposure at the Valencina Copper Age Mega-site (Spain). J Archaeol Method Theory (2023). doi.org/10.1007/s10816-023-09631-8


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