22 mar. 2014 ~ ~ Etiquetas: , ,

La primavera llega por Antequera


Dolmen de Viera.
El monumento megalítico conocido como el dolmen de Viera está estructurado en una alineación con el sol que por la forma de recibir la luz permitía a los antiguos pobladores conocer el momento de la cosecha
20/03/2014. elmercuriodigital.

Miguel Lozano. Madrid (PL).- Como si nada hubiera cambiado en cuatro mil 500 años, el dolmen de Viera, en Antequera, España, volvió a marcar hoy el inicio de la primavera y ratifica los misterios que aún quedan por descubrir.

La estación del reverdecimiento de la naturaleza hace llegada oficial al hemisferio norte, precedida por un espectáculo de luz repetido desde el Neolítico como muestra del conocimiento astronómico de aquella sociedad, algo difícil de aceptar.

El monumento megalítico conocido como el dolmen de Viera, cerca de la ciudad andaluza de Antequera, está estructurado en una alineación con el sol que por la forma de recibir la luz permitía a los antiguos pobladores conocer el momento de la cosecha.

El efecto solar se produce al amanecer en el momento cuando los dos polos de la Tierra se encuentran a igual distancia del Sol, conocido como equinoccio de primavera.

Las losas hincadas en la tierra en posición vertical cubiertas por otra horizontal, albergan asimismo una cámara sepulcral, quizás expresión de la continuidad de la vida, que cada año renace en la primavera luego de un invierno en el cual pareciera que todo termina.

El monumento, construido como un largo pasillo con una cámara cuadrangular al final, es considerado uno de los mejores exponentes del megalitismo europeo y forma parte del conjunto arqueológico Dólmenes de Antequera.

El conjunto, que busca reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, está integrado por los dólmenes de Menga, declarados Monumento Nacional en 1886 y 1923, respectivamente.

La tercera estructura, El Romeral, es parte del Tesoro Artístico Arqueológico Nacional.

Estas construcciones permiten observar los equinoccios de primavera y otoño desde el dolmen de Viera; el solsticio de verano desde el de Menga y el de invierno en El Romeral.

Los restos arqueológicos incluyen tres sepulcros que conservan el túmulo original, pero cada uno con especificidades propias.

El dolmen de Viera, protagonista en la primavera, fue construido en una elevación donde se colocaron verticalmente los bloques (ortostatos) en una zanja cavada y un túmulo que cubre el conjunto de 50 metros de diámetro.

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